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  • EL PAPEL DE IBEROAMÉRICA EN EL NUEVO SIGLO

    A nivel financiero, la globalización se ha caracterizado por una creciente liberalización y desrregulación de los flujos de capitales, la creación de nuevos y mas ágiles instrumentos financieros, y un incremento explosivo en las cantidades transadas en los mercados financieros mundiales. Cada día se transan en el mercado internacional de divisas alrededor de $1.5 trillones de dólares (US$ 300 trillones al año). Esto implica un aumento de casi 1.700% desde 1979, cuando el total anual era de $17.5 trillones de dólares.

    Los avances en las telecomunicaciones y la creciente integración de los mercados han llevado a que el sistema financiero mundial funcione las 24 horas del día. El recorrido puede iniciar en la bolsa de Tokio, continuar en la bolsa de Londres y terminar en la bolsa de Nueva York, sin que se vea interrumpida su actividad un solo segundo. Esto implica una mayor diversidad de divisas transadas, instrumentos financieros más complejos y negociados a una mayor velocidad, con mayor frecuencia y en mayores cantidades que en cualquier otro momento de la historia.

    Pero también es cierto que los ataques especulativos y la volatilidad que estos capitales de corto plazo han generado recientemente, pueden presentarse como grandes amenazas para las economías estables. Tal como lo expone el director del Fondo Monetario Internacional, Michel Camdessus, “se tiene en ocasiones la impresión de que los mercados no distinguen debidamente a los buenos jugadores”.

    La crisis financiera internacional iniciada en Tailandia a mediados de 1997 nos ha llevado a una conclusión que se presenta como uno de los grandes problemas de la economía global: la enorme discrepancia que existe entre un mundo financiero internacional cada vez mas sofisticado, interrelacionado y dinámico, y la ausencia de un marco institucional capaz de regularlo. No se puede hacer funcionar un sistema mundializado con las instituciones creadas en Bretton Woods hace más de 50 años.

    En este sentido, Colombia considera necesaria una reforma al sistema financiero internacional que incorpore los siguientes elementos fundamentales:

    • Provisión de liquidez en épocas de crisis: ante las grandes dificultades que ha presentado el Fondo Monetario Internacional para aportar la liquidez necesaria durante las crisis más recientes, se requiere la evaluación de nuevos mecanismos de financiación, diferentes a los ya existentes.

    • Condicionalidad de los recursos del FMI: el acceso a los recursos de provisión de liquidez no puede estar sujeto a condicionalidades indiscriminadas por parte del Fondo Monetario Internacional.

    • Supervisión y regulación de los sistemas financieros: es necesario adoptar códigos de conducta, de mejorar la disponibilidad y transparencia de la información económica y financiera, así como fortalecer los marcos institucionales para la adecuada supervisión y regulación prudencial de los sistemas financieros. En este sentido, la creación de mecanismo de alerta temprana puede ser útil para el tratamiento preventivo de posibles crisis en el futuro.

    • Autonomía de los países en desarrollo en el manejo de la cuenta de capitales: la apertura de la cuenta de capitales debe ser un proceso gradual mientras se consolida el desarrollo paralelo de instituciones nacionales de supervisión y regulación prudencial del sistema financiero. De otra parte, es necesario señalar que mientras no se haya definido un sistema integral de redes de seguridad financiera a nivel internacional los países en desarrollo debemos mantener la autonomía plena para manejar la cuenta de capitales.

    • Desarrollo de organizaciones regionales y subregionales de apoyo para el manejo monetario y financiero internacional: el nuevo sistema financiero internacional no debe concentrarse en el fortalecimiento de unas pocas instituciones internacionales. En particular, nos conviene que el nuevo orden financiero se apoye también en una red de instituciones regionales y subregionales. En este sentido, la Corporación Andina de Fomento y el Fondo Latinoamericano de Reservas son ejemplos exitosos que podrían ser replicados en otras regiones del mundo.

    La reciente crisis financiera internacional que ha afectado principalmente a las economías en desarrollo, ha vuelto a recordarnos que los mercados financieros son muy volátiles e inestables y que los efectos derivados de ello pueden ser sumamente costosos, tanto en términos económicos como sociales.

    De hecho, un alto porcentaje del costo del ajuste ante las crisis de endeudamiento recae sobre los sectores vulnerables de la sociedad, que solo reciben beneficios marginales de los auges financieros. Lo ocurrido en muchos países en desarrollo de varias regiones del mundo, también indica que los efectos sociales de las crisis de endeudamiento siguen percibiéndose varios años después de iniciada la reestructuración y la recuperación económicas. El ajuste estructural ha sacrificado el progreso social en favor de los equilibrios financieros.

    El viejo paradigma según el cual los altos niveles de crecimiento económico deben generar mayores niveles de empleo e ingresos para toda la sociedad ha revelado una vez más su carácter ilusorio. El aumento del desempleo en gran parte del mundo industrializado demuestra que el surgimiento de nuevas tecnologías requiere cada vez menos del trabajo del hombre. El agravamiento del desempleo es pues el precio de una mayor competitividad.

    Se ha estimado que hoy en día, la tasa de desempleo en el mundo es alrededor del 30%. Gracias a esto, la exclusión de los mercados laborales organizados se ha convertido en una de las principales causas de la pobreza en el mundo.

    Por esta razón, y de cara el nuevo milenio, los países de Iberoamérica tenemos la responsabilidad de embarcarnos en una nueva visión dinámica, que integre el potencial creativo de todos nuestros ciudadanos.

    Es necesario encontrar un equilibrio entre las fuerzas del Estado, la sociedad y el mercado que permita un desarrollo estable y duradero no sólo para la región sino para el mundo entero.

    Dentro de la nueva concepción integral de desarrollo, el ser humano tiene un papel primordial. Resulta indispensable entonces devolverle al mercado su carácter de instrumento, de medio para generar mayor bienestar. Nuestros países requieren una economía de mercado, no una sociedad de mercado; un comercio justo, no el libre comercio que ahora se practica.

    Para esto se requiere inversión en la gente. Inversión en educación, inversión en salud, inversión en capacitación. Y tal como lo demuestra el ejemplo cubano, no necesitamos enormes transferencias de recursos para lograr resultados positivos en el área social.

    Es necesario entonces cuestionar los beneficios de orientar el planeta bajo el único criterio de la productividad y la competitividad. El mercado ha demostrado sus limites. Es necesario establecer un nuevo sistema en donde la eficiencia económica no sólo sea determinada con base a la productividad de las empresas, sino que incorpore la satisfacción de las necesidades sociales básicas.

    La integración Iberoamérica debe convertirse en el espacio para encontrar nuestro destino en un mundo globalizado. Es nuestro deber elaborar una agenda propia, que incorpore la dimensión universal del ser humano, que al mismo tiempo respete su identidad y su cultura. Por esto es necesario fortalecer las Cumbres Iberoamericanas, foros privilegiados para la cooperación y el diálogo político.

    Si continuamos profundizando los factores de unión y minimizamos las diferencias entre nosotros, el mundo podrá contar con una Iberoamérica actuante, consciente de sus potencialidades y de sus ventajas comparativas, pero a la vez sin egoísmos ni parcialidades. ¡Esa es la Iberoamérica protagonista del Siglo XXI!

    Una Iberoamérica que se defina con las bellas palabras del gran escritor español Azorín, cuando se refería al encuentro entre los ibéricos y el Nuevo Mundo:

    “Venimos todos de un pasado milenario y vamos todos a un porvenir que Dios haga que sea venturoso”.

    Muchas gracias.

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    Lugar y fecha

    Davos, Suiza
    29 de enero del 2000

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