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  • FORMACIÓN DEL OFICIAL COLOMBIANO

    Graduación de los cursos de Altos Estudios Militares y Estado Mayor de la Escuela Superior de Guerra

    El encontrarme aquí en la ceremonia de grado de los cursos de la Escuela Superior de Guerra significa para mí como Presidente presenciar los frutos del centro de formación más importante de las Fuerzas Militares de Colombia. Es aquí donde los oficiales llevan a cabo su capacitación para atender los retos más significativos que impone una sociedad tan compleja como la colombiana. Es aquí donde los aspirantes a generales reciben el más alto grado de formación académica, que los lleva a entender, a partir ya de una visión de Estado, la problemática de una sociedad cuyo conflicto caracterizado por su violencia desafortunadamente nos destaca ante el mundo.

    La función de una Escuela como en la que ustedes acaban de cursar estudios, es precisamente elevar su capacidad de respuesta en el entendimiento y manejo de los problemas de seguridad y orden público de aquellos lugares a donde ahora ustedes parten con la misión de hacer Patria.

    Un hecho evidente es que gracias a este ejercicio de formación, el oficial colombiano no sólo entiende del manejo del conflicto en su jurisdicción, sino que a ello también agrega el entendimiento de la problemática general de la sociedad que lo rodea. Soy testigo que para todo gobernante civil, sea el orden nacional o regional, es de fundamental importancia el consejo que sobre múltiples temas siempre está dispuesto a darle todo oficial de las Fuerzas Armadas.

    Hoy ustedes están dando un paso vital en su formación y lo hacen en un momento crucial para la historia de las Fuerzas Militares. Su entrada en el siglo XXI depende en gran medida de ustedes al reintegrarse nuevamente al sistema de defensa y seguridad nacional en los diferentes niveles decisivos. Los estudiantes del Cidenal en el nivel estratégico, los del CAEM en el nivel táctico y los del Curso de Estado Mayor en el nivel operativo. Las unidades a su cargo enfrentarán dos retos fundamentales: ser cada día más efectivas en el combate y estar preparadas para el logro y el mantenimiento de la paz.

    Nuestras Fuerzas Militares sólo pueden responder a los retos planteados siendo más fuertes. Una fortaleza que no implica únicamente más hombres, más armas o más beligerancia. Fortalecer nuestras Fuerzas también significa preparar mejor a los hombres, darles un respaldo legal acorde con sus misiones y roles, integrar más a la organización con la comunidad y ser modelo de eficiencia y eficacia.

    Mi propósito es no entregarle responsabilidades al Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea sin el respaldo de los otros componentes del Estado, los recursos necesarios y la dirección coordinada del poder civil. El Estado tiene una responsabilidad con ustedes y el resto de las Fuerzas Militares y es darles las herramientas y el apoyo necesarios para el cumplimiento de su misión.

    El Ministerio de Defensa está trabajando coordinadamente con otros Ministerios y el Congreso mismo en la elaboración de distintos proyectos que mejorarán las condiciones en que ustedes prestan su servicio a la Nación. La profesionalización gradual de los soldados, la modificación del servicio militar, el proyecto de ley de defensa y seguridad nacional, entre los más significativos, están orientados en la misma dirección: fortalecer a las Fuerzas Militares.

    Todos estos cambios se sumarán al proyecto de reestructuración, el cual debe responder a las inquietudes de la sociedad y a los retos actuales y futuros. Quiero resaltar ante ustedes la importancia que tiene el haber iniciado el proceso de reestructuración desde el interior mismo de las fuerzas militares. Esto demuestra el interés y la responsabilidad que existe por parte de todos sus miembros para preparar la llegada del próximo milenio.

    Este proceso busca un cambio que refleje la autocrítica institucional y que reafirme la autoridad civil sobre el poder militar. Como Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas de la República, me aseguraré que esta reestructuración sea beneficiosa. En ningún  momento y por ninguna circunstancia permitiré que se debilité en manera alguna a las Fuerzas Militares.

    En este proceso, se tendrá también la colaboración del Congreso, del poder judicial, de los organismos de control y de representantes de nuestra comunidad, mediante la conformación de una comisión cuyo objetivo será servir de cuerpo consultivo. Estoy seguro que la participación de esta comisión, trabajando en conjunto con el gobierno y con las fuerzas militares redundará en importantes aportes dentro del proceso de modernización.

    Al hablar de reestructuración se está hablando implícitamente de un análisis que nos permita modificar lo que no está dando el resultado esperado, y de la misma manera, mantener y fortalecer lo que sí funciona. Lo ocurrido en la operación de recuperación del orden público en Mitú hace unos días, es la mejor prueba de ello. Pocas fuerzas en el mundo están en capacidad de efectuar una operación tan compleja como la allí realizada, más aún si se tiene en cuenta que la precisión con que se efectuó evitó efectos sobre la población civil.

    Gran parte de los hombres que diseñaron, planearon y ejecutaron esta operación, han sido y algunos volverán a ser, alumnos de la Escuela Superior de Guerra. Eso impone un gran honor y a su vez una gran responsabilidad sobre ustedes y las próximas generaciones de alumnos.

    La importancia que tiene la Escuela Superior de Guerra la lleva necesariamente a tener que adecuarse y modernizarse permanentemente. Y no sólo en sus métodos de enseñanza o en la aplicación de nuevas tecnologías educativas. También es necesario que lo haga en la forma en que aborda temas vitales para Colombia y que de alguna manera están relacionados con el conflicto que nos aqueja. Fenómenos como la guerrilla y los paramilitares no son estáticos, ya que su capacidad de amoldarse a nuevas circunstancias es prácticamente su principal característica.

    De la mano del proceso de reestructuración institucional que se ha planteado debe darse también el paso del fortalecimiento operativo. Para poder realizar operaciones cada vez más exitosas necesitamos fortalecer las áreas de inteligencia, las telecomunicaciones y la movilidad.

    En cuanto al desarrollo de la inteligencia ya se dieron los primeros pasos con la creación del Centro de Inteligencia Militar en el cual se reunirá y procesará la información de las distintas fuerzas. El uso más eficiente y centralizado de la información obtenida por diversas áreas permitirá una mayor eficacia del sistema de inteligencia y por tanto mejores resultados.

    Lamodernización del sistema de comunicaciones es también una tarea fundamental. Es necesario contar con comunicaciones más confiables y más seguras que nos permitan cubrir hasta el último rincón del territorio nacional. Es necesario utilizar la más moderna tecnología para poder así ampliar la cobertura, integrar la información y utilizarla oportunamente.

    Así mismo, la movilidad resulta fundamental. Las características de nuestro territorio nacional, su agreste topografía, las altas montañas y la tupida selva nos obligan a contar con esquemas de movilidad imaginativos y multimodales que faciliten al máximo el desplazamiento rápido de nuestras tropas. Muchas veces nuestras fuerzas militares son criticadas por las dificultades para llegar a teatros de operación sin tener en cuenta las difíciles condiciones de nuestro país. No es posible comparar el desembarco de tropas en medio de nuestras selvas con operaciones en territorios con infraestructura y condiciones topográficas mucho más favorables.

    Para que los anteriores aspectos den los resultados esperados necesitamos también y por sobre todo fortalecer el recurso humano. Creo en la necesidad de profesionalizar nuestros soldados. Hemos diseñado un plan que nos permitirá en estos cuatro años pasar de 20.000 soldados profesionales hasta llegar a 60.000. La profesionalización y la capacitación de nuestros hombres requiere toda nuestra atención y el mayor esfuerzo. Con hombres bien capacitados, bien entrenados, bien equipados y bien informados tendremos una mejor capacidad de asumir los retos que en materia de seguridad nacional nos deparará el próximo siglo.

    Cuando el pasado 12 de agosto afirmé ante las Fuerzas Armadas que el soldado es el que con más ímpetu quiere la paz, lo hice con la convicción de que es él quien más sufre con las consecuencias terribles de la confrontación. Es por ello que tengo la fe más absoluta en que las Fuerzas Militares y la Policía Nacional, desde sus comandantes hasta el más modesto de sus hombres, respaldan con nobleza y lealtad a su Jefe Supremo en el duro camino que Colombia habrá de recorrer para alcanzar la paz.

    y es que la paz no es fácil de conseguir. Ustedes si que lo saben. De aquí la propuesta de mi Gobierno de fundamentar el plan de desarrollo en el cambio de múltiples factores generadores de conflicto con el fin de construir la paz. De aquí también mi propósito de comenzar el diálogo a partir de la construcción de confianza. Se trata de un proceso lento y dispendioso para lo cual no existen modelos preconcebidos, ni en nuestra historia ni en el exterior.

    La construcción de la paz abarca varios aspectos que van de la propia solución negociada hasta la puesta en marcha del Plan Colombia, una propuesta con participación del Estado, de la iniciativa privada y de la comunidad internacional, que tiene como fin garantizar la destinación de recursos para lograr el desarrollo sostenible y duradero para aquellas zonas afectadas por el conflicto y que han sido olvidadas por los gobiernos.

    Quiero reiterar que así como seré audaz en los métodos a seguir para conseguir la paz, seré firme y decidido para lograr los objetivos que todos  buscamos. Que a nadie le quede duda que la Colombia que yo me imagino es una Colombia que cada día sea más justa, más tranquila y más democrática. Una Colombia en donde las armas, exclusivamente en manos del Estado, solo tengan una función disuasiva y su silencio permita oír la vigencia plena del diálogo y de la convivencia pacífica.

    Si he ordenado una zona de distensión ha sido con el objeto de sentarnos con la guerrilla para establecer así un diálogo que nos permita avanzar en la búsqueda de la paz. Si el Gobierno ha iniciado el diálogo con el Eln que  incluye la participación de personas representativas de la sociedad civil, ha sido con el objeto de determinar con claridad el papel y las responsabilidades de cada uno de los actores y de definir el futuro mismo de este proceso. En general, toda una serie de ejercicios destinados a avanzar con solidez y sin precipitación, hacia la búsqueda de la tan anhelada paz que reclaman los colombianos.

    Hemos avanzado con firmeza en el proceso de paz. Desde que establecí los contactos directos con las Farc no he dejado de actuar con rapidez y responsabilidad con el fin de encaminar nos hacia el inicio de las conversaciones de paz. El Gobierno ha liderado el proceso, dando cumplimiento a todos los acuerdos y creando todas las condiciones necesarias para establecer la confianza, como el primer paso que se requiere para construir todo proceso de paz. He tenido siempre como principio esencial de mis actuaciones y por encima de cualquier consideración el respeto a nuestro Estado de Derecho.

    Desde un principio decidimos actuar con discreción, con responsabilidad y con prudencia. Sabemos que hemos cumplido con nuestras responsabilidades y tal como ayer lo afirmé considero que hoy están dadas las condiciones para que, sin dilaciones, muy pronto se instalen las mesas de diálogo, cumpliendo así con lo que todos los colombianos esperan.

    Con relación al tema de los derechos humanos quiero compartir con ustedes una reflexión. La defensa y protección de los derechos humanos y el respeto cabal de los principios y las normas del derecho internacional humanitario, se constituyen en un ejercicio vital de pleno cumplimiento para todo Estado. Como somos el poder legítimo de la Nación y como ustedes, como militares han recibido de la República el derecho legítimo de portar  sus armas, tenemos todos la obligación legal y moral de respetar el Estado de Derecho. Nada justifica una violación a los derechos humanos que también se constituye, obviamente, en una violación a la Constitución, a la ley y a los principios éticos de nuestra sociedad.

    Colombia y la comunidad internacional tienen que reconocer el enorme avance que nuestras Fuerzas Armadas han realizado en materia de protección de los derechos humanos. Hoy percibo con mucha claridad que en cada operación militar está siempre presente y ante todo, el respeto a los derechos de la población civil. Ustedes deben seguir por ese camino.  Un último tema al cual quiero referirme es el de la corrupción. Considero que las Fuerzas Armadas son una de las instituciones menos afectadas por este flagelo que es el principal responsable de la pobreza en Colombia. Sin embargo, es tan importante el papel de los organismos de seguridad para la sociedad, que es necesario no bajar ni un centímetro la guardia en la prevención y castigo de las faltas que se presenten en esta materia.

    Inician ustedes hoy un nuevo ciclo de su vida profesional al servicio de la Patria. Lleven el mensaje a sus compañeros de que su Comandante Supremo, el Presidente de los colombianos tiene claramente definida su responsabilidad como gobernante y que su propósito de buscar la paz y de fortalecer a la Fuerza Pública adecuándola para el próximo siglo, es una de sus principales motivaciones.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    27 de noviembre de 1998

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