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  • GOBIERNO EXALTA LABOR DE SOLIDARIDAD POR COLOMBIA

    XX Caminata de Solidaridad por Colombia

    Con una constancia admirable y un amor ejemplar hacia todos los compatriotas que sufren y anhelan el bálsamo de una mano solidaria que se extienda con cariño para brindarles su apoyo, doña Nydia Ouíntero de Balcazar y su equipo de colaboradores han sostenido, año tras año y venciendo múltiples dificultades, la Caminata de la Solidaridad por Colombia, que hoy celebramos con entusiasmo y con fe en el futuro de esta gran Nación.

    Ustedes me perdonarán esta reminiscencia personal, pero quería decirles que la obra de Solidaridad por Colombia es muy cercana a mis afectos y a momentos muy gratos de mi vida.

    Con nostalgia recuerdo como fue precisamente en una caminata a favor de los desprotegidos en donde expresé por vez primera mi vocación de servicio hacia los sectores más débiles de mi país. Hace ya varios años, en compañía de las alumnas del colegio Santa Francisca Romana y un grupo de amigos, nos embarcamos en la empresa de organizar las primeras caminatas, similares a la que hoy se realiza.

    Bajo el lema de “camina por los que no pueden caminar” adelantamos dos grandes eventos y gracias a la colaboración y participación de los Bogotanos se construyó el pabellón de niños quemados del hospital Lorencita Villegas de Santos. Posteriormente, con la segunda caminata realizada a nivel nacional, en cada departamento se construyó una obra similar.

    Por ello miro con singular simpatía esta tarea de loable beneficio social, que apoyaré con gusto, porque el tema social y la urgencia de impulsar políticas a favor de los necesitados de mi Patria son la columna vertebral de mi Gobierno.

    Muchos de los problemas más graves que enfrentamos hoy los colombianos tienen su origen en las tremendas desigualdades que afectan nuestra sociedad, y que constituyen una caldera que sin válvulas de escape amenazan con estallar haciendo volar por los aires la democracia, la libertad, y las instituciones que las generaciones que nos antecedieron levantaron y consolidaron con esfuerzo y sacrificio.

    La paz, la mayor aspiración y el anhelo más profundo de nuestras gentes, no se logrará solamente silenciando los fusiles y cesando el derramamiento de sangre fraterna. Para que la reconciliación sea real y duradera, será necesario que los de arriba escuchen el adolorido clamor de los de abajo, que los niños que no tienen infancia porque pasan de la cuna a enfrentar las duras realidades de la vida recuperen el derecho a ser despreocupados y felices, que el hambre y la desesperación dejen de ser los fantasmas que acosan por las noches el descanso de los desempleados.

    La experiencia universal nos enseña que el desarrollo económico sin justicia social es una vana ilusión, que permitir el enriquecimiento de unos pocos dejando que las masas desfallezcan en la pobreza, es sembrar hoy vientos para recoger mañana tempestades.

    No caeremos en ese error. Es cierto que necesitamos con urgencia obtener altos índices de crecimiento. Es cierto que la verdadera prosperidad solamente se alcanza cuando todas las fuerzas de la sociedad se unen para producir con eficiencia y salir a competir en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente. Pero si el crecimiento económico no va acompañado de medidas que permitan que también los más débiles se beneficien del desarrollo, más pronto que tarde se descubre con horror que ese progreso es un espejismo y que se ha perdido lastimosamente el tiempo.

    Me propongo hacer del Plan de Desarrollo que mi administración presentará  al Congreso próximamente una herramienta para construir la paz y establecer la Justicia Social. Vamos a trabajar por los pobres de Colombia, y vamos a exigirle a los sectores más pudientes que pasemos de la retórica a los hechos, que hagamos entre todos los sacrificios y los esfuerzos que demanda la hora difícil que vive la República. Es definitivamente inadmisible que una sociedad que se considera a sí misma democrática y civilizada tolere indiferente tanta pobreza y tanto sufrimiento, y sobre todo que tolere impasible el hambre y el desperdicio de tantos niños que nacen y mueren sin tener derecho a soñar con la felicidad.

    Hoy vamos a caminar por Colombia, vamos a expresar nuestra solidaridad con los compatriotas que sufren. En su nombre, quiero darles  mis más sinceros agradecimientos a doña Nydia, a su equipo de colaboradores, a todos aquellos que con su trabajo y su aporte económico han hecho posible que esta hermosa obra tenga continuidad y pueda cumplir su ejemplar propósito de beneficio social. Y a los pobres de Colombia quiero decirles hoy que mi compromiso con ellos es más fuerte que nunca, y que estamos trabajando sin descanso por lograr la redención social de esta Patria que todos queremos tanto.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    30 de agosto de 1998

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