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  • HONORES MILITARES DE BIENVENIDA AL PRESIDENTE DE BRASIL, FERNANDO HENRIQUE CARDOSO

    Señor Presidente:

    Hace 28 años, en esta misma tierra fronteriza que nos vincula al pulmón del mundo, que es la región amazónica, se encontraron por primera vez un Jefe de Estado del Brasil con su similar de Colombia. Eran ellos el General Emilio Garrastazú y mi padre, el presidente Misael Pastrana.

    En dicha oportunidad se habló de lo inverosímil que resultaba para dos países amigos y vecinos como los nuestros, el que sus máximos representantes no hubieran tenido una reunión oficial en tantos años de amable convivencia. Pero dicho primer paso marcó un hito que hoy, con orgullo y emoción, revivo con su importante visita, señor Presidente Cardoso, con el ingrediente adicional de que ahora se trata del encuentro entre dos democracias consolidadas.

    Por eso es particularmente grato para mí, en nombre del pueblo colombiano y en representación de esos sentimientos de amistad que siempre lo han ligado con la nación brasileña, darle a usted y a su distinguida comitiva la más afectuosa bienvenida a Colombia, que lo recibe con el calor y el verdor de nuestra más importante riqueza común: la Amazonia.

    Brasil y Colombia comparten una larga y pacífica frontera, que ha dado ejemplo al mundo de buena vecindad y de cómo las relaciones tienen que manejarse de una manera clara, a través de los canales del diálogo y la diplomacia.

    Somos ambos pueblos respetuosos por excelencia de las normas y principios del derecho internacional, y estamos convencidos de la importancia de la cooperación y la integración entre los países latinoamericanos. Así lo prescriben nuestras respectivas constituciones y así lo manda el espíritu mismo de nuestra gente.

    Como dijo mi padre, en aquel encuentro de 1.971, “si Latinoamérica quiere tener un puesto destacado en el escenario de las decisiones internacionales, debe abandonar su aislamiento y su secular individualismo”.

    Afortunadamente hoy, casi tres décadas después, nuestras naciones se hallan comprometidas en la búsqueda de una unidad de propósitos, de una cooperación económica y de una coordinación política, que garantizarán la consolidación de una Latinoamérica unida, que ingrese más fuerte y más sólida al mundo globalizado e interdependiente del tercer milenio.

    La Constitución del Brasil establece que su país “buscará la integración económica, política, social y cultural de los pueblos de América Latina”, y en ese loable objetivo nos identificamos plenamente.

    Por ello trabajamos en cordial cooperación en los foros internacionales de las Naciones Unidas y de la Organización de Estados Americanos, y en mecanismos de coordinación tales como el Grupo de Río y las Cumbres Iberoamericanas, o el llamado Grupo 24 de Países en Desarrollo.

    A nivel comercial, nos vinculan cerca de 500 millones de dólares de comercio bilateral, el cual este año ha encontrado un mecanismo ideal para su fortalecimiento con la firma el pasado mes de agosto del Acuerdo de Alcance Parcial de Complementación Económica entre Brasil y cuatro países de la Comunidad Andina de Naciones.

    De esta forma, Señor Presidente Cardoso, su nación y la mía se acercan cada día más en un proceso de apoyo y colaboración recíprocos. Así lo expresó usted al Vicepresidente de Colombia, Gustavo Bell Lemus, en su recientísima visita al Brasil y así lo entendemos hoy, cuando su presencia en nuestra querida Leticia simboliza la mano siempre amiga y a la vez respetuosa que su país ha ofrecido al nuestro.

    Tenemos muchos temas qué tratar en este día, como ocurre siempre entre los buenos vecinos y los amigos. Quiero contarle, señor Presidente, sobre el proceso de paz que estamos adelantando con firmeza y esperanza; sobre los programas de ajuste fiscal y la estrategia de reactivación económica que –al igual que Brasil- estamos implementando, y sobre el Plan Colombia que hemos presentado a la comunidad internacional con miras a obtener su apoyo para adelantar en nuestro país una estrategia integral contra el tráfico de drogas, que involucre también el desarrollo económico, el logro de la paz interna, la justicia social y el fortalecimiento del Estado y de la democracia.

    Vamos a seguir avanzando, señor Presidente, en los temas de desarrollo y protección de las fronteras, en la cooperación técnica y comercial entre nuestros países, en el estímulo de las inversiones recíprocas y el intercambio cultural, y, por supuesto, en la protección de esta gran región amazónica que hoy nos acoge.

    Brasil es para Colombia una tierra amable, llena de pasión, talento y alegría, que los colombianos apreciamos y queremos muy especialmente.

    Cuando pensamos en su país, señor Presidente, pensamos en sus pujantes y modernas ciudades y en sus bellísimas playas. Pensamos en el fútbol al que su patria le dio color y alegría. Pensamos en las pinturas de Cándido Portinári, en las películas de Rocha y de Guerra, en las obras musicales de Villa-Lobos o en las novelas vitales y fantásticas de ese bahiano genial que es Jorge Amado. Y pensamos, -cómo no-, en ese patrimonio melodioso que Brasil ha legado al mundo con la samba y el bossa nova, que se insertan en lo más íntimo del gusto de los colombianos.

    Porque nos une lo más esencial, quiero terminar este breve saludo parafraseando las palabras de ese intérprete del alma brasileña, que es Roberto Carlos, cuando señaló en una canción los ideales del porvenir: Queremos creer la paz del futuro; queremos tener un hogar sin muros; queremos a nuestros hijos pisando firme, cantando alto y sonriendo libres.

    Él dijo que quería tener “un millón de amigos”. Yo le digo a usted, señor Presidente Cardoso, y a todos los brasileños, que no tienen un millón, sino treinta y ocho millones de amigos colombianos, que los reciben con un afecto sincero y perdurable.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    6 de octubre de 1999

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