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  • INVITACIÓN PARA HACER DE LA CIENCIA UN GRAN PROYECTO DE INVERSIÓN PÚBLICA Y DE SOLIDARIDAD HUMANA

    XV CONGRESO INTERNACIONAL DE MEDICINA TROPICAL Y MALARIA

    “Hallábase la ciudad de Cartagena a fines del año 1651 acometida por tan fuerte peste, que el número de los atacados era casi igual al de los que morían en las calles, en las plazas y hasta en las iglesias. Muchas personas caían muertas,  como heridas por un rayo.

    “El calor y la humedad del mar, así como la cercanía de las selvas,  traían consigo un vaho maléfico que se esparcía por las tierras y las aguas, detrás de las murallas. El dolor, la tristeza y la consternación reinaban por doquiera y un silencio sepulcral hacía parecer a la ciudad como un cementerio.”

    Con estas palabras describía un historiador los fantasmas de la fiebre amarilla y el cólera que habitaban la ciudad de Cartagena durante el siglo XVIII.

    Hoy, cuando nos reunimos en esta misma ciudad, la de Blas de Leso y la India Catalina, dichas imágenes dantescas aparecen lejanas en el tiempo. El panorama de los hombres y las mujeres que habitan ciudades como éstas ha evolucionado gracias a los avances de la ciencia y la tecnología. Y desde este escenario podemos afirmar que se han abierto las puertas del nuevo siglo con una alentadora proyección de prevención y control de nuestras enfermedades tropicales.

    La necesidad de promover un clima estimulante para la investigación científica y el desarrollo social de nuestros pueblos son nuestro punto de convergencia el día de hoy.

    Por ello, en nombre del pueblo de Colombia, les doy la más cordial bienvenida a los participantes al XV Congreso Internacional de Medicina Tropical y Malaria que se realiza dentro del marco de esta evocadora e histórica ciudad de Cartagena de Indias.

    Para mi país es un inmenso honor ser la sede de este importante evento científico, que por segunda vez se realiza en Latinoamérica, organizado por la Federación Internacional para la Medicina Tropical, cuando cumple 60 años de existencia.

    Hace dos años, cuando los profesores Felipe Guhl, Santiago Nicholls y Manuel Elkin Patarroyo solicitaron la colaboración de la Presidencia de la República de Colombia para el auspicio de este Congreso, mi respuesta inmediata fue la de dar un decidido apoyo a esta magnífica idea que solamente podía conducir a lo que hoy en día es: un rotundo éxito.

    3.000 científicos de 96 países y más de 250 conferencistas invitados representan un gran voto de confianza, solidaridad y apoyo de la comunidad internacional para con Colombia, sus instituciones y sus científicos.

    Su asistencia corrobora que la salud es un bien público y universal que nos compromete a todos.

    Felicitaciones, Profesor Guhl, por esa gran idea que persiguió por 12 años de traer este evento a Colombia. Felicitaciones también al Comité Organizador y al Profesor Patarroyo por haber perseverado frente a las dificultades y haber hecho de esta convocatoria una realidad.

    Colombia es una nación grande y generosa que está comprometida con los valores de la humanidad. Y no concibo mejor aporte que el de hacer de nuestro país y de nuestros mejores cerebros un laboratorio para el desarrollo de la ciencia.

    Relataba el Premio Nobel Max Theiler a sus  amigos que fue en nuestros Llanos Orientales donde se iniciaron los trabajos dirigidos al  desarrollo de la vacuna contra la fiebre amarilla.

    Así mismo, en esta dinámica investigativa se hicieron   pioneros los trabajos de Patiño Camargo, Gast-Galvis,  Boshell,  Samper y Martínez, que llevaron luego a la creación de lo que hoy en día es nuestro Instituto Nacional de Salud,  dependencia del Ministerio de Salud Pública, en donde se realiza gran parte de nuestra investigación bio-médica.

    Esa tradición investigativa ha continuado en las nuevas  generaciones con los reconocidos trabajos sobre la vacuna sintética contra la malaria de Manuel Elkin Patarroyo, sobre la enfermedad de Chagas por Felipe Guhl, los de dengue y SIDA por Jorge Boshell, el control biológico de la malaria por William Rojas, los elegantes trabajos sobre leishmania por Nancy Saravia y los ya clásicos sobre hongos de Angela Restrepo, para mencionar sólo unos pocos.

    Son estudios que se adelantan a lo largo y ancho de Colombia, en los laboratorios de investigación científica de las Universidades Nacional, de los Andes, del Valle, de Antioquia, el Instituto de Inmunología, el Instituto Nacional de Salud, la Corporación de Investigaciones Biológicas y el CIDEIM.

    Bien decía Pasteur que “si la ciencia no tiene patria, el investigador científico sí”. Por eso nos llenamos de orgullo al saber que estamos aportando al bienestar, no sólo de los nuestros, sino también de toda la humanidad.

    En esta dirección, el Instituto de Inmunología en Bogotá ha conformado un equipo humano excepcional, comprometido con la búsqueda de la solución de los problemas de las enfermedades tropicales mediante uno de los laboratorios mejor dotados de América Latina, con lo más moderno de la ciencia y la tecnología, como les consta a muchos de ustedes.

    Estamos convencidos de que debemos ser los protagonistas en la solución de nuestros  problemas. Y las enfermedades  tropicales y la malaria son también nuestro  problema.

    Es una dura realidad que en los albores del tercer milenio las infecciones respiratorias agudas matan 4.1 millones de personas por año;  la tuberculosis 3 millones; las diarreas 3 millones; la malaria 3 millones -dentro de 300 millones de casos anuales, 150.000 de ellos en Colombia-; hay 2 millones de muertes generadas por la hepatitis y el sarampión, y 2.5 millones de decesos al año debido a esa catastrófica  pandemia que es el SIDA.

    No cabe duda de que las anteriores estadísticas disparan el termómetro de la salud pública y exigen de nosotros una atención inmediata.

    Estas enfermedades inciden principalmente en la población infantil y de menos recursos, como es la de los países tropicales, y es nuestro compromiso garantizar un camino de responsabilidad compartida que conduzca a los avances de la ciencia, como una misión de vida.

    Es el caso también de  la tuberculosis, que en otras épocas, por  creencias etnocéntricas de  los países desarrollados, se creyó controlada, y hoy en día va en ascenso, rampante, resistente a la mayoría de los fármacos, con 30 millones de casos anuales, 30.000 de ellos en Colombia.

    La enfermedad, tristemente, también discrimina a los pobres. De acuerdo con los estudios del Foro Global para la Investigación en Salud, en el año 2000 los países de bajos y medios ingresos, casi todos ellos situados en el Trópico y que incluyen el 85% de la población mundial,  tienen el 92% de la carga de enfermedad, en tanto los países de altos ingresos, casi todos ellos no-tropicales, y que corresponden al 15% de la población del mundo, tienen solamente el 8% de la misma.

    Enfermedades como la Infección Respiratoria Aguda, la Malaria, las Diarreas, el Sarampión, la Tuberculosis, el SIDA y otras infecciones y parasitosis forman el 44% del total de las enfermedades en los países en vías de desarrollo, mientras corresponden solamente al 7% en los países de altos ingresos.

    Cada año cerca de 11 millones de niños mueren antes de alcanzar sus 5 años de edad, la mayoría en los países de bajos y medianos ingresos. De ellos, alrededor de 8 millones mueren por sólo 5 enfermedades: bronconeumonías, diarreas,  malaria,  desnutrición  y  sarampión.

    Pero, además de eso, estas enfermedades hacen que nuestra expectativa de vida se reduzca entre 5 y 10 años, dependiendo de la región, en comparación con los países de altos ingresos.

    Pero, aparte del doloroso componente humano, las enfermedades tropicales y la Malaria implican también deterioro económico. El costo de las enfermedades y su tratamiento, la disminución de la fuerza laboral durante la misma, la minusvalía energética con la cual permanecen durante y después de su recuperación y muchas otras circunstancias más son factores que inciden negativamente en las posibilidades de desarrollo de nuestros países.

    Es necesario que trabajemos juntos. No podemos permanecer impasibles, ni como estadistas, ni como científicos, ni como seres humanos, ante esta  realidad. Es por ello esencial que de las deliberaciones de este evento científico surjan ideas para la solución de esos grandes problemas que afligen a la humanidad y que son  motivo de su pasión y su estudio.

    El impacto de las nuevas tecnologías hace que hoy más que nunca la solución a esos problemas sea factible. Colombia quiere unirse a los esfuerzos de un fondo mundial donde se puedan concentrar recursos para fomentar la investigación  contra las enfermedades tropicales, conjugando los objetivos de las compañías farmacéuticas con los de los países desarrollados y no desarrollados.

    La Biología Molecular, la síntesis química de moléculas grandes y pequeñas, la estructura tridimensional de macromoléculas, la nueva inmunología, la epidemiología molecular, ciencias y tecnologías de las cuales ustedes son sus más dignos representantes, hacen que se pueda tener un optimismo realista sobre la solución de esos problemas en un lapso prudencial.  Los invito a que trabajen juntos por ello.

    Y respetuosamente les propongo a las naciones del mundo, encabezadas por los países desarrollados, que organicemos fondos similares a los de la Iniciativa Multilateral contra la Malaria, para que así tengamos equivalentes contra otras enfermedades, como la tuberculosis o la hepatitis.

    Pero mientras esas soluciones derivadas del  trabajo de ustedes llegan, endoso el apoyo a la creación de la Iniciativa del Fondo de Vacunas para que las vacunas ya reconocidas contra aquellas enfermedades inmunoprevenibles como la polio, que está al borde de su extinción;  el sarampión, y otras más, estén al alcance de nuestros países y de nuestros niños.

    Uno de los retos más grandes para la humanidad y el proceso de globalización es la necesidad de conseguir inversión en salud pública para los países menos desarrollados.

    Las cifras sobre la inequidad en la prevención y tratamiento de enfermedades a nivel mundial son extremadamente dicientes: entre 1975 y 1997, de 1.223 medicamentos que se han lanzado al mercado, sólo 11 fueron destinados para el tratamiento de enfermedades tropicales.

    Desde la inversión financiera, la salud mundial también se quebranta. Más de 56 billones de dólares son destinados anualmente a la investigación en salud, pero ni siquiera el 10% de esos fondos se dirigen hacia las enfermedades que afectan al 90% de la población del mundo.

    Como diría un escritor francés del siglo XVI, “la ciencia sin la conciencia es la ruina del alma”. Por eso desde este evento hago un llamado para que todas las naciones, especialmente las más desarrolladas, propongan iniciativas que contribuyan al mejoramiento de la calidad de vida de los habitantes del mundo, pero sobre todo de las poblaciones más vulnerables.

    Los invito a que hagamos de la ciencia un gran proyecto de inversión pública y de solidaridad humana.

    Al declarar inaugurado este XV Congreso Internacional de Medicina Tropical y Malaria, reitero a ustedes mis agradecimientos en nombre de Colombia y el mío propio y les deseo el mayor de los éxitos en sus deliberaciones.

    Que las luces de la razón y los ideales del corazón los acompañen. ¡Por el bien de la humanidad y por el bien de la ciencia!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    20 de agosto del 2000

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