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  • LA FEDERACIÓN DE CAFETEROS, UNA ENTIDAD CON VISIÓN DE PROGRESO Y COMUNIDAD

    Instalación del LIX Congreso Nacional de Cafeteros.

    Bogotá, D. C, 11 de diciembre de 2000.

    Hoy, por tercer año consecutivo, tengo el privilegio de instalar el Congreso Nacional de un gremio que ha sido símbolo del país y de su mejor imagen por muchos años. Pero la responsabilidad ahora es mucho mayor, porque el congreso que inauguramos al finalizar este año 2000 tendrá, no me cabe ninguna duda, una especial trascendencia en la historia cafetera.

    Como Presidente de la República, veo con preocupación el ambiente que se ha estado creando alrededor de este congreso. Hay fuerzas que llaman al enfrentamiento y a la confrontación, pero éstos no son momentos para buscar responsables o tomar posiciones destructivas. Lo que necesitamos es escuchar propuestas, nuevas ideas y reflexiones juiciosas sobre la difícil realidad que nos ha tocado vivir.

    Este país -y menos aún en estos momentos definitivos de su historia- no está para perder el tiempo en enfrentamientos y persecuciones.

    Señores: la labor que los reúne hoyes la de proponer cambios que creen valor. Su tarea es la de visualizar las instituciones cafeteras del futuro, la de reformarse sin destruir lo que hasta ahora se ha creado, la de repensar su institucionalidad sin resquebrajar la fibra social que por tantos años los ha unido y los ha convertido en un ejemplo de convivencia pacífica para el país, en un ejemplo de descentralización y participación, en un ejemplo de sentido de pertenencia que muchos quisieran emular.

    Ante todo tenemos que hacer justicia a la gran labor que han realizado los aquí presentes. No podemos olvidar en ningún momento la fortaleza que ha significado para el gremio cafetero el tener como Presidente durante el último cuarto de siglo a uno de los más gran- des dirigentes de la historia reciente del país: el doctor Jorge Cárdenas Gutiérrez.

    El ha tenido no solamente una gran capacidad gerencial, sino tam- bién una especial habilidad para conciliar las más lejanas diferencias y para saber manejar los sentimientos y las reacciones humanas que, de dejarse a la deriva, nos terminan perdiendo en discusiones inútiles y rencillas destructivas. Que nadie aquí dude de la trascen- dencia de aquellos que, como el doctor Cárdenas, crean consensos, de aquellos que reúnen a quienes de otra manera se atomizan y se pierden en el mundo de la individualidad y la competencia destructiva.

    Apreciados amigos:

    Hoy quisiera, retornando algunas ideas de la última obra del reciente premio Nobel en economía Amartya Sen, exponerles mi visión de lo que debe ser la Federación Nacional de Cafeteros:

    Yo creo, como Sen, que el desarrollo no es acumulación de riqueza, sino que es libertad: libertad de tener la oportunidad de decidir sobre la vida que queremos; libertad de reconocer los límites que tenemos y de restringir, por propia voluntad, nuestros propios actos; libertad de ser capaces de rendir cuentas, aún cuando se ha errado, y de cosechar los triunfos, sin dejar de estar conscientes, jamás, de quienes nos rodean. Por lo mismo, debemos obrar a través de empresas que sean vehículos de dicha libertad y que hagan uso de nuestros recursos naturales de forma sostenible. Que sean promotoras de la libertad, pero con responsabilidad social.

    La Federación es la institución colombiana que más comprende esta visión. Por eso, ella es parte central de los proyectos de este Gobierno. Programas como el Plante, Manos a la obra, Compartel, Alianza Plantas por la Vida y Subsidios Condicionados tienen en la Federación un medio a través del cual el Estado llega a todo el país sin despertar desconfianzas, sino, todo lo contrario, con total aceptación. Instituciones de este tipo son la base sobre las que se construye una sociedad moderna, democrática y libre.

    Sin embargo, a pesar de todas las cosas buenas que se pueden decir de la Federación y de su historia de éxitos y solidaridad, también hay que reconocer que, en momentos difíciles, es importante que demuestre su capacidad de adaptarse a las nuevas circunstancias. Hay que cambiar, pero cambiar sin destruir. Este es el camino del cambio que he propuesto a todos los colombianos y que estamos recorriendo. Tenemos, amigos cafeteros, una meta común: hacer de Colombia el país que puede ser y dejar atrás aquella nación dividida, sin una red social, sin instituciones sociales, sin lazos de hermandad.

    Les confieso, sinceramente, que el ejemplo de organizaciones no gubernamentales como la Federación de Cafeteros, con visión de progreso y de comunidad, es uno de los alicientes que me motivan día a día en mi labor de gobierno. La capacidad de la Federación de reunir a su gente para lograr un mejor vivir es, ha sido y seguirá siendo la base de una sociedad en la que vale la pena vivir. La Federación es mucho más que una empresa, mucho más que una comercializadora de café, y en su transformación esto no se puede socavar.

    Son más de siete décadas en las que la Federación Nacional de Cafeteros ha venido desempeñando una labor fundamental en la promoción de la industria cafetera, la convivencia pacífica, la educación y la salud de su gente. Los Comités Cafeteros han prestado servicios y han estado al lado de los cultivadores, cuando el Estado no hacía suficiente presencia.

    Como ya dije, los beneficios derivados de la eficiente gestión de esta institución han ido más allá de los ámbitos de producción y comercialización del café colombiano. El éxito alcanzado por la Federación en los programas de reconstrucción del fje Cafetero constituye un testimonio incuestionable de la capacidad de gestión de esta institución, de la transparencia en el manejo de recursos y de la importancia de ser creativos en la búsqueda de recursos para realizar programas. Ante la tragedia del terremoto, la Federación, en colaboración con el Forec, respondió de manera efectiva para llevar ayuda humanitaria a cientos de damnificados y puso en marcha de forma inmediata programas para reconstruir y reparar viviendas, bode- gas, escuelas, beneficiaderos y demás instalaciones de las fincas cafeteras afectadas. Esta labor ha conducido a que la capacidad de coordinación y ejecución de la Federación Nacional de Cafeteros ante un desastre natural sea reconocida como ejemplo mundial. Estoy convencido de que la Federación podrá ser una excelente ejecutora de importantes proyectos en frentes tales como el mejoramiento de la vivienda rural y otros programas de especial impacto social en su zona de influencia.

    Pero la Federación es más que una institución social, y su otra di- mensión es tal vez la que aquí tenemos que repensar con más cuidado. La labor de la Federación en la promoción de la calidad Café de Colombia ha sido fundamental para posicionar nuestro café como el mejor del planeta. Sin duda, la cara más amable que ha tenido Colombia en el exterior es la de Juan Valdez, quien, con una dinámica estrategia publicitaria, ha representado la laboriosidad, tenacidad y empuje de los caficultores colombianos ante el mundo. Sin embargo, más allá de esta excelente campaña que ya cumplió 40 años, tenemos que idear nuevos instrumentos y nuevos recursos. No podemos quedarnos sentados sobre los laureles, porque, como diría un arriero, el palo no está para cucharas.

    Todos somos conscientes del cambio que se ha dado a nivel, tanto nacional como internacional, en la industria cafetera, y, por ende, de la necesidad de actualizar los instrumentos para enfrentar este nuevo entorno. Ya el año pasado se comenzó a trabajar sobre este tema. Sin embargo, el panorama internacional obliga a replantear la celeridad del cambio.

    Actualmente el sector cafetero registra el precio internacional nominal más bajo en siete años como resultado de un desequilibrio persistente entre la oferta y la demanda mundial. Esta situación, sabemos, obedece a cambios estructurales en el mercado internacional, tales como el acelerado crecimiento en la producción de países como Vietnam y el traslado de cultivos en Brasil a zonas de menores costos y mayor productividad.

    La dramática caída del precio del café ha demandado la intervención de las instituciones cafeteras para aliviar la situación del sector. Por una parte, desde el mes de noviembre, el Fondo Nacional del Café se ha visto obligado a hacer uso del mecanismo de Transferencia para el Sostenimiento del Precio Interno, Transopin, en cumplimiento de su función estabilizadora. Por otro lado, es importante tener pre- sente que actualmente el Fondo registra un déficit de proporciones importantes. Si los precios no mejoran, y son muchos los que así lo creen, el próximo año podría llegarse a niveles de insolvencia que obligarían a la Nación a tener que pagar por la compra de la cosecha. Este escenario posible, en las condiciones fiscales de hoy en día, puede ser desastroso.

    Se está trabajando en soluciones. Por ejemplo, Colombia, en unión de otros importantes países productores de café, como Brasil, ha puesto en marcha un plan de retención de café con el propósito de reducir la oferta, y así lograr la recuperación de las cotizaciones. Esta es una medida necesaria que hemos apoyado decididamente, pero es tan sólo una dentro del paquete de estrategias que deben diseñarse.

    Las perspectivas en el mercado internacional del café indican que la sobreoferta del grano se sostendrá en el mediano plazo, como con- secuencia del exceso de producción y de la consiguiente acumulación de inventarios. Por ello es indispensable buscar soluciones y paliativos a este panorama adverso. La situación del mercado y la competencia mundial nos obligan a superarnos para ser más competitivos y ofrecer una mejor calidad.

    En adición a los factores de carácter internacional que han perjudi- cado a los cafeteros, condiciones particulares del sector en Colombia han generado una pérdida de productividad y competitividad por parte de la industria cafetera del país. En efecto, la caficultura colombiana enfrenta altos costos de producción, de los cuales el 70 por ciento corresponde a mano de obra. Esta situación ha generado una disminución en la rentabilidad del negocio y, por ende, ha redundado en una caída en los niveles de producción. Por lo mismo, Colombia ha perdido participación en los volúmenes mundiales, tanto de producción como de exportación.

    La principal consecuencia de la crisis enfrentada por el sector cafetero se refleja en el creciente deterioro del ingreso directo de los caficultores, el cual ha disminuido en más de una tercera parte en términos reales a lo largo de los últimos cuatro años.

    Para aliviar la situación, el Gobierno Nacional, en unión con la Federación, ha buscado estimular la inversión en el sector mediante planes de refinanciación de créditos, con plazos y tasas subsidiados, y, además, hemos puesto a disposición de los cafeteros una línea de crédito por 30.000 millones de pesos para el financiamiento de capi- tal de trabajo. También con este propósito, se presupuestó una inversión de 120.000 millones de pesos por parte del Fondo Nacional del Café.

    Ahora bien: la situación actual de la industria cafetera colombiana pone de relieve que los cambios, tanto a nivel nacional como internacional, que enfrenta el sector, son estructurales. Dichos cambios se encuentran en línea con una renovación que se extiende a todos los campos de la economía en respuesta a la creciente globalización. A lo largo de los últimos años se ha profundizado la integración internacional y la competencia, generándose un mercado más dinámico, caracterizado por la fluidez en la transferencia de información, tecnología y factores productivos, en adición a la movilidad de los flujos de capital.

    El sector cafetero no puede ser ajeno a este proceso de modernización institucional, y debe responder a un entorno de cambios estructurales con unas reformas igualmente estructurales. Por lo mismo, es necesario asumir este momento de crisis como una oportunidad para revisar el modelo cafetero y sus instituciones, con objeto de hacer al sector compatible con un mercado más amplio y competido, caracterizado por precios altamente volátiles.

    Esto implica el diseño de una nueva estrategia que, haciendo uso de las ventajas adquiridas por el café colombiano en razón a su calidad y reconocimiento en el mercado, haga más competitivo a nuestro producto insignia. Dicho proceso requiere, adicionalmente, unas instituciones flexibles y eficientes que promuevan una innovación permanente en todas las etapas productivas, de beneficio de café y de comercialización, en el exigente mercado del grano.

    Una nueva estrategia, acorde con el entorno actual, requiere una reestructuración en términos de costos, que le permita mayor rentabilidad al sector y favorezca la competitividad internacional del café colombiano. Necesitamos priorizar y de esto son conscientes ustedes, los mismos cafeteros, los servicios y programas gremiales, para reducir costos y permitir una mayor transferencia de beneficios a los caficultores.

    Por otra parte, debo insistir en la importancia de que el Gremio y el Gobierno trabajen con empeño en un acuerdo de competitividad, que incluya a los productores, los industriales y los exportadores privados. Este llamado, que ya les hice el año pasado, cobra hoy especial actualidad, para enfrentar las nuevas condiciones del mer- cado mundial.

    Eso sí, como bien lo dice el doctor Jorge Cárdenas -y como reza el lema de este Congreso-, la calidad debe continuar siendo objeto del mayor cuidado a lo largo de las etapas de cultivo, beneficio, trilla y transporte de café, de tal forma que se garanticen los mayores estándares durante la totalidad del proceso para profundizar la dife- renciación de nuestro producto. De esta manera, será posible sostener la ventaja comparativa del café colombiano, representada en la prima o sobreprecio derivada del reconocimiento de la calidad de nuestro grano.

    El mantenimiento de la calidad representa un componente funda- mental dentro de las estrategias dirigidas a la defensa del ingreso cafetero. Pero tenemos que complementarla con nuevas ideas que le añadan valor, como lo hacen continuamente todas las empresas, sin descuidar lo que ya estamos haciendo bien. No olvidemos que el mundo actual demanda constante creatividad, calidad y diseño de nuevos productos. La gente quiere cosas nuevas, con las cualidades de las viejas. ¡Hacia esa dirección debemos dirigimos!

    Nuestra nueva estrategia debe encaminarse a la ampliación de la frontera de consumidores, buscando incrementar la demanda de esta bebida. Para ello se requiere la innovación en la presentación del café, buscando la diversificación del producto mediante la creación de un mayor número de variedades. De esta manera, se haría posible una mayor integración vertical al mercado y participar de manera más efectiva en la competencia de precios, dotando de mayor dinámica el negocio cafetero, siguiendo el ejemplo del desarrollo del mercado de café en países como Japón y Estados Unidos.

    El sector necesita dirigir recursos hacia la investigación y el mejora- miento de los estándares de calidad del café, que se ha venido deteriorando. Tenemos que participar activamente en estrategias que le agreguen valor al producto y que nos permita diferenciarnos en el mercado. Creo en una agresiva política de comercialización y en una estructura organizacional más flexible y más delgada. Yoestoy listo a apoyar decisiones que preserven la institucionalidad cafetera y que, a su vez, propicien el cambio. Yo estoy listo a jugármela por los cafeteros y no cesaré en mi empeño de aportar lo que nos corresponda a las grandes decisiones que se deben abrir paso en este Congreso.

    Apreciados amigos del gremio cafetero:

    Es ya clásica la historia sobre el inicio de la exportación de café a Finlandia, en tiempos de don Manuel Mejía, elrecordado Mister Coffee, cuando al finalizar la guerra ruso-finlandesa. dicho país le solicitó a la Federación 200 sacos de café, aunque manifestó que no sabía cómo iba a pagarlos. Don Manuel, para asombro de todos, en lugar de negarse, les envió 10 veces más sacos de los que pidieron, para que los pagaran cuándo y cómo pudieran.

    Entonces, cuando días después don Manuel visitó Finlandia, les dijo lo siguiente: “Ustedes tienen una deuda de guerra con Rusia y ese país tiene el grave problema del alcoholismo. Hasta donde yo conozco, la única solución para ese mal es inducir al pueblo a tomar café. Colombia puede suministrarles café para el pago de su deuda y ustedes nos reembolsan su valor en productos de su país, como papel, casas prefabricadas y demás productos de su industria”.

    Desde entonces, comenzó un provechoso vínculo comercial con Finlandia, gracias a la salida ingeniosa, oportuna y creativa de un hombre sensato.

    Pues bien: amigos cafeteros. Es a eso a lo que los invito hoy más que nunca, para convertir a la crisis actual en la mejor de las oportunidades: Los invito a ser creativos, a poner ingenio y voluntad a las soluciones, a controlar los costos y maximizar los beneficios, a diversificar las estrategias. Los invito a repensar el futuro del gremio cafetero y del producto que ha sido siempre el orgullo de Colombia.

    ¡Sólo así saltaremos con éxito al tercer milenio!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    11 de diciembre del 2000

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