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  • ¡LA FUERZA DE UN PAÍS UNIDO! ES LA ÚNICA QUE PUEDE SACAR ADELANTE LA PAZ Y LA ECONOMÍA DE COLOMBIA

    INSTALACIÓN DEL CONGRESO NACIONAL DE COMERCIANTES DE FENALCO

    Cuando la demencia de los violentos arrecia contra lo más sagrado, como es nuestra juventud; cuando las mujeres y los niños dejan de ser intocables frente a la crueldad; cuando nos sentimos incomprendidos en nuestro dolor y en nuestra lucha, incluso por nuestros propios hermanos, es cuando más una nación es puesta a prueba por la historia.

    No fue esta realidad la que quisimos ni la que quisieron nuestros padres, pero es la realidad que nos toca afrontar. Y son por golpes como los que vivimos –golpes “como del odio de Dios”, dice un poeta- cuando más tenemos el deber de entender esa realidad, no para someternos a ella, sino para transformarla.

    Porque es en momentos como éstos cuando rendimos cuentas de lo que hemos aprendido como nación y se nos exige asumir responsabilidades como país.

    Hemos aprendido que somos una nación de hombres y mujeres valerosos que no se arrodillan ante la adversidad sino que se crecen en el infortunio.

    Hemos aprendido también que las grandes transformaciones las hemos hecho entre nosotros mismos, sobre la base de la persuasión y no de la imposición.

    Hemos aprendido que somos una nación generosa, capaz de perdonar cuando el culpable asume por dentro su pena y tiene la valentía de confesar su delito.

    Pero también aprendimos que es demasiado el tiempo y largo el recorrido que hemos transitado solos, cada uno pensando en su propia carrera por la supervivencia.

    Sí, hemos aprendido que es inútil la labor de tejer el manto de la convivencia si a cada momento lo rasgamos con las tijeras  de la intolerancia.

    Hemos aprendido, en fin, que no tiene sentido exigir si de antemano no hemos comprendido lo que implica entregar.

    Es en estos momentos cuando le corresponde al gobernante convocar a todos los que se debaten entre el temor y el desconsuelo y encender la antorcha que guíe en medio de la noche.

    Como Presidente de todos los Colombianos, me corresponde simbolizar la unidad nacional. He creído, y lo sigo haciendo, que la búsqueda de una solución política al conflicto armado es un imperativo para la consecución de una paz cierta y una paz duradera para Colombia.

    Creo en una paz de realidades, transformaciones y acuerdos, en la que todo el país gane por igual. Una paz que beneficie a los colombianos de a pie. Una paz pensada en beneficio de los ciudadanos, sin exclusión ni favorecimientos de ninguna naturaleza. Una paz en la que todos ganemos. Una paz de acuerdos, no de capitulaciones.

    Alejémonos del árbol que nos impide ver el bosque. En estos dos últimos años hemos logrado, por fin, establecer un mecanismo de diálogo con las FARC para discutir una agenda de negociación. También hemos logrado que la comunidad de naciones respalde este proceso y esté dispuesta a apoyarlo en el momento y mediante el procedimiento que consideremos oportunos. El proceso que hemos vivido estos dos años ha sido definitivo para que todos los colombianos comprendan que éste no es un problema de las partes en conflicto, sino que en él se juega el futuro de toda la nación.

    Por supuesto, todos quisiéramos que avanzara más rápido, pero tenemos que entender la complejidad de la situación y ponerla en perspectiva, pensando inclusive en otros ejemplos internacionales, como el caso de Irlanda del Norte o el Medio Oriente. En dos años –a pesar de todos los escollos- es mucho lo que hemos avanzado.

    Pero este sendero hacia la paz no lo puedo transitar solo, ni es únicamente del Gobierno. Esta marcha la tenemos que emprender todos y cada uno de nosotros, con nuestros hijos, con nuestros vecinos, con nuestros conciudadanos.

    La semana pasada realicé una amplia convocatoria de las principales fuerzas políticas de la nación para construir un consenso en torno a la búsqueda de la paz. Como resultado, suscribimos el “Frente Común por la Paz y contra la Violencia”, el cual pretende fortalecer la búsqueda de la paz con la participación y el apoyo decidido de todos y, al mismo tiempo, enviar un claro mensaje para que los violentos entiendan que Colombia está cansada de la violencia, la rechaza profundamente, sea cual sea su origen, fuere cual fuere su fin.

    Esta misma mañana instalé, a su vez, en la Casa de Nariño una nueva reunión del Consejo Nacional de Paz, que incluye el más amplio espectro de la sociedad nacional, para que acompañe con sus luces y su aporte el proceso de paz, que es de todos los colombianos.

    Yo sé que con el respaldo de este Consejo, así como con el del Frente Común por la Paz y contra la Violencia, todos los colombianos vamos a poder hablar con una sola voz y un solo corazón ante quienes se empeñan en la violencia. Y sé también que allí estarán los comerciantes, listos, como siempre, para hacer su contribución a la paz, con sus manos abiertas hacia la conciliación y no con los puños levantados hacia la confrontación.

    Fenalco, como gremio, y a través de la gestión patriótica de su Presidente, el doctor Sabas Pretelt, ha sido particularmente receptiva a esta convocatoria, y hoy quiero hacerle un especial reconocimiento por su aporte al camino de la paz y por su papel de liderazgo positivo dentro de la sociedad civil, en aras de la convivencia y el entendimiento entre todos los colombianos.

    La democracia implica necesariamente la construcción de una sociedad sobre el principio de la tolerancia. El disenso, la discusión o la misma contradicción son elementos propios de una sociedad abierta y pluralista. Pero si hay algo que una democracia no puede permitir, para defender la tolerancia que la sustenta, es la intolerancia misma.

    Así como he creído firmemente que tenemos que encontrar el camino de la reconciliación, buscando escenarios que propicien el diálogo y la negociación con los grupos insurgentes, no voy a permitir que su actitud autoritaria e intolerante, como la que implica que antepongan su visión de Estado a la vida misma de hombres, niños y mujeres, termine por subyugarnos.

    A los grupos alzados en armas les decimos hoy que la cosa con nosotros es de frente y que, si en realidad quieren la paz, si en realidad no le tienen miedo a la paz, tienen que asumir también responsabilidades de llegar a acuerdos y entregar resultados concretos a un país cansado de tanta violencia, de tanta sangre derramada, de tantos compatriotas privados de la libertad.

    Y así como hemos constituido un Frente Común por la Paz, tenemos la responsabilidad de conformar un gran Frente de todos los colombianos contra el infame delito del secuestro. No podemos doblegarnos ante el secuestro sino que tenemos que doblegar a los secuestradores. En esta lucha no puede haber aguas tibias. El compromiso de todos debe ser total con unas medidas que den señales claras de que, como sociedad, no vamos a permitir que los secuestradores, que los violadores de almas, sigan ejecutando estos actos de crueldad.

    Hace dos semanas entregamos en funcionamiento la cárcel especial de Valledupar, una cárcel con las más altas medidas y estándares de seguridad. Allá vamos a llevar a los secuestradores, para que el país sepa que están y que estarán por muchísimos años de verdad tras las rejas. También llevaremos a estos criminales a la  nueva cárcel de Acacías.

    ¡No nos vamos a dejar amedrentar! ¡Los colombianos tenemos que tener la tranquilidad de saber que los secuestradores están en prisión! ¡Y si no nos bastaran estas cárceles, si nos tocara volver a abrir la cárcel de Gorgona, también lo haremos, porque vamos a usar todos los medios que sean necesarios para combatir este delito!

    El proyecto que les había anunciado para aumento de penas a los secuestradores, ya está presentado y se comienza a discutir este martes en el Congreso, para que los que se atrevan a privar de libertad a un colombiano sepan que igualmente se exponen a pasar su vida sin libertad.

    Además, hemos entregado más de 20.000 millones de pesos adicionales para fortalecer la actividad de los grupos Gaula, y les daremos todos los recursos que sean necesarios. Que no quepa una sombra de duda: ¡Todos y con todo contra el secuestro! ¡Esa es la consigna de Colombia!

    Yo sé, señores comerciantes, que ustedes comparten conmigo la convicción de que las únicas fuerzas legítimas del Estado son las Fuerzas Armadas y de que la mejor forma de proteger y defender nuestra democracia y nuestras instituciones, es fortaleciéndolas a ellas, y no a ningún otro tipo de cuerpo armado, que sólo debilita su actuación.

    Un país puede ser generoso con la paz si tiene seguridad y confianza frente a sus Fuerzas Militares.

    Hace dos años, la capacidad operativa de nuestras Fuerzas Militares era tan débil que era incapaz de responder ante las amenazas de los grupos armados al margen de la ley.

    Parece un chiste, pero apenas contábamos con 53.000 soldados regulares, 4 helicópteros artillados y tan sólo 21.000 soldados profesionales, muchos de ellos dedicados a cuidar infraestructura. ¡Y con un ejército de ese tamaño pretendíamos cubrir un millón ciento cuarenta mil kilómetros cuadrados de territorio y proteger a 40 millones de habitantes! ¡Una tarea prácticamente imposible!

    Hoy tenemos unas Fuerzas Militares totalmente distintas: más profesionales, más eficientes y más preparadas. En estos dos años logramos pasar de 21.000 soldados profesionales a 43.000 y voy a entregar mi mandato con  55.000 soldados preparados y entrenados para el combate -¡150% más que en 1998!-. Con un incremento similar en los soldados regulares, la meta es alcanzar en el año 2002 un pie de fuerza de por lo menos 140.000 hombres fuertes y bien dotados para proteger a los colombianos.

    Pero no sólo duplicaremos el pie de fuerza, sino que se duplicará también el número de helicópteros disponibles y se cuadruplicará el número de helicópteros artillados.

    Ahora sí tenemos unas Fuerzas Armadas que tienen verdadera capacidad de Despliegue Rápido para garantizar el éxito, las mismas que acorralaron a los secuestradores en Cali y que hoy libran una batalla por nosotros en Santander. ¡Estas sí son unas Fuerzas Armadas que pueden perseguir y derrotar a los violentos, y también ser garantes de la paz!

    Apreciados amigos:

    El país, en materia económica, pasó, como dirían los médicos, de la sala de emergencias a la de recuperación, y su condición ahora es “estable y mejorando”. La recesión ha sido superada y casi todos los sectores de la economía están regresando a sus niveles naturales de actividad. Sin embargo, la generación de empleo y la contratación de nuevos créditos siguen rezagados, y todavía no estamos al otro lado del río. Esto debe recordarnos la urgencia de dar buen y pronto trámite a las reformas que aún nos quedan por implementar.

    El corto plazo esta superadotranscurrirá sin mayores altercados; ahora nos toca Nuestro reto es cimentar el futuro para el país de nuestros hijos. Como muchos de ustedes, soy padre y esposo, y no descansaré hasta estar seguro de que hice todo lo que pude para que nuestros hijos puedan vivir con la paz y la prosperidad que a nuestra generación le ha sido tan esquiva. Hoy, aquí, nos tenemos que comprometer con el mañana, y para ello tenemos que terminar la labor de ajuste ya iniciada.

    La tarea es ardua. El desempleo, tema de mi más profunda preocupación, no ha cedido, a pesar de los esfuerzos realizados hasta ahora. Pero hay que llamar la atención y destacar que entre septiembre de 1999 y septiembre de 2000 hemos creado 250.000 empleos, que corresponden a un incremento del 4.5% con respecto al año anterior. ¡Y escuchen esto!: Los empleos generados en los últimos 12 meses superan a los creados en todo el cuatrienio comprendido entre septiembre de 1994 y el mismo mes de 1998, que fueron 246.000.
    Sin embargo, estos empleos ya no son suficientes. Más y más colombianos, jóvenes y mujeres, entran cada día al mercado de trabajo. Cada día es más difícil reducir el desempleo y por eso necesitamos con tanta urgencia la paz. No cabe duda alguna de que la violencia es, hoy por hoy, el mayor generador de desempleo en el país.

    Apreciados amigos:

    Nuestra concepción de un gobierno va más alláya de las encuestas de opinión. Queremos dejarle a ustedes y al próximo gobernante, sea quien sea, u. Un país viable, a través del un fortalecimiento de las instituciones y de la recuperación del espacio económico para la sociedad civil.

    Para consolidar la labor del Gobierno en materia económica no basta con la seriedad y coherencia de la política económica. Para progresar hay que invertir, y el Estado ha demostrado no tener la infraestructura de poderes y controles que le permita hacer óptimamente esta labor.

    Son ustedes, señores comerciantes, los que han generado los empleos, los que nos proveen los alimentos, el vestido y las fuentes de entretenimiento. Con denuedo trabajamos en hacer las reglas claras. Estamos comprometidos en disminuir el gasto excesivo de la burocracia, cuya participación en el PIB creció un monstruoso 44% desde 1994 hasta 1999. Su yY cuyas enormes necesidad por recursos, en momentos de debilidad política, lo obligó a endeudarse. Esto mantuvo la tasa real de interés activa en niveles promedio superiores al 16%, lo que hizo del pago de intereses una penosa carga para todo el sector productivo. La industria manufacturera, que este año, mes a mes, nos sorprende con sus admirables tasas de crecimiento, en realidad, a pesar de su 11.3% de crecimiento en lo corrido del año hasta septiembre, apenas supera en 0.45% sus niveles de producción en los tres primeros trimestres de 1994.

    El comercio presenta resultados similares. Señores comerciantes:  Ssu perseverancia se ha traducido en el último trimestre en un crecimiento del 7.9% anual, mientras que en lo corrido del año esta han crecido cerca al 5.5%. Sin embargo, como la manufactura, la realidad es dura: el nivel de producción de los tres primeros trimestres es tan sólo superior en 0.15% al de 1994, e inferior al de todos los años siguientes, exceptuando 1999..

    Ahora bien:Ahora bien: es resaltable que,, sus logros siguen concretáandose. S, según el informe del Dane que se conocióesta misma semana ayer sobre el comportamiento del Comercio al por Menor, las ventas reales en septiembre, sin incluir combustible, se incrementaron en un 5% con relación al mismo periodo del año anterior. En particular, las ventas de electrodomésticos y muebles para el hogar aumentaron en un 12.9%, lo que tiene un especial significado, pues la compra de bienes durables por las familias colombianas es la mejor prueba de que están viendo con mayor confianza elel l futuro. Además, el grupo de alimentos y bebidas no alcohólicas fue el de mayor contribución positiva en las ventas del mes de septiembre, lo que confirma cómo la caída en el consumo privado, que tanto nos preocupó el año pasado, ya se está superando.

    Sin duda, el ya estar creciendo de nuevo, aunque apenas estemos recuperandor los niveles de producción a los niveles de 1994, es un logro importante. Estamos en los niveles que manteníamos cuando casi todos fuimos optimistas. A pesar de las dificultades, el sector privado se ha levantado de la postración de los últimos años, inclusivce después de  haber sufrido onerosas pérdidas.

    Pero el Gobierno también ha hecho su parte. Los dos últimos trimestres muestran ya la contracción del sector gobierno y es su reducción lo que explica que las tasas de crecimiento del producto nacional no sean aún más positivas. El Estado, a través de un austero manejo de caja, ya ha disminuido su tamaño como sector del PIB en cerca del 1% durante este año.

    Además en el proyecto de Acto Legislativo de reforma a las Transferencias Territoriales estamos incluyendo una norma que limita los gastos de funcionamiento del Gobierno Nacional, atándolo al promedio de los ingresos corrientes de la nación. Adicionalmente, como ustedes saben, estamos empeñados en un proceso de reforma a la estructura del Estado, que define competencias claras, traslada responsabilidades de ejecución a las entidades territoriales y profundiza el esfuerzo de racionalización del gasto público.

    El ajuste fiscal con el que estamos comprometidos, apreciados amigos, es ambicioso y ciertamente no es popular, pero es indispensable, porque sin ajuste fiscal, sin las diversas reformas que hemos planteado, el déficit del Gobierno Central se haría insostenible.

    Les aseguro que a ningún gobernante puede gustarle tomar una medida tan impopular como subir los impuestos o ampliar la base tributaria: eso no consigue amigos ni genera aplausos. Pero nuestro deber es ser responsables con el futuro, y en ese sentido estamos obrando.

    Apreciados amigos comerciantes:

    Todo lo que hemos logrado hasta ahora en materia de reactivación económica y control del crecimiento del Estado lo hemos hecho sin perturbar la tasa de interés real o la inflación, las que terminarán el año en un solo dígito. Cerraremos también el 2000 con un excelente balance en las cuentas externas. Las exportaciones han tenido un magnifico desempeño, y contamos a septiembre de este año con un superávit en la balanza comercial superior a los 1.713 millones de dólares.

    Por otra parte, sMuchos on muchos los buenos empresarios que, después de estar casi al punto de la quiebra, ven hoy por hoy ven cóomo nuestra ley de reactivación económica le devuelve ha devuelto la vida a sus negocios. Ya son 19 los acuerdos de reestructuración y 240 están por venir. Son ideas , ineas nuevas que nos han dado ingeniosas soluciones, y ustedes, según sean sus experiencias, nos tienen que ayudar a perfeccionarlas para el futuro.
    .

    Renglón aparte merecen los logros alcanzados en la lucha frontal que hemos venido adelantando contra el contrabando, a favor del comercio formal. No más en los primeros meses de este año se incautaron más de 100 mil millones de pesos en mercancías de contrabando, incluyendo automóviles, textiles, aparatos eléctricos, productos químicos, licores y juguetes. Son productos que ya no se venderán ilegalmente, sino que serán reemplazados por otros que venderán ustedes, señores comerciantes, ajustándose a la legalidad y la transparencia, con factura, reportando ingresos al productor nacional o al importador legal, así como al fisco nacional.

    Estamos ganando, entre todos, y con la mayor conciencia de los colombianos, la lucha contra el contrabando. De 11.000 millones de cigarrillos de contrabando que llegaban al país, hoy sólo están entrando unos 3.500 millones, en tanto las importaciones legales se han quintuplicado. Hace dos años, de cada 100 electrodomésticos, 46 se compraban de contrabando; ahora esta cifra bajó a 26, y seguirá bajando, porque nuestro compromiso es firme y duradero. De ahí, que una reciente encuesta haya revelado que, en tanto hace dos años el 36% de los comerciantes veía al contrabando como la principal amenaza contra su empresa, hoy este porcentaje ha bajado a un mínimo de 2.8%.

    Enfrentar el contrabando, como lo estamos haciendo, con la ayuda de ustedes, es apoyar el comercio legal, generar empleo y proteger recursos que son para todos los colombianos.

    Como ven, señores comerciantes, estamos cumpliendo con nuestro compromiso serio y firme con la economía y con el país. Con la tranquilidad del que ha hecho su mejor esfuerzo, podemos hoy mostrar resultados e invitarlos a que continúen respaldando las difíciles campañas que aún nos quedan por librar para devolverle la viabilidad al Estado colombiano, a sus finanzas públicas y a su gente.

    “La Fuerza de un País Unido”, como reza el lema de este nuevo Congreso de Fenalco, es la única que puede sacar adelante la paz y la economía de Colombia. Ustedes son testigos de que estamos haciendo lo posible y lo imposible por lograrlo. Nosotros damos fe de que tenemos en la fuerza comercial del país un aliado estratégico sin igual, que le apuesta a la convivencia, a la vigencia de las instituciones y a la reactivación económica.

    “Una mano más una mano”, decía el poeta Gonzalo Arango, “no son dos manos: Son manos unidas”.

    Con ese mismo espíritu unamos nuestras manos y construyamos juntos, con positivismo y trabajo, la Colombia próspera y pacífica que merecen nuestros hijos.

    Muchas gracias.

    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    29 de noviembre del 2000

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