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  • LA NACIÓN Y LA NO-NACIÓN: UNA MONEDA CON DOS CARAS

    Hace unos meses, en el Congreso Nacional de Comerciantes organizado por Fenalco, expuse ante el auditorio un planteamiento sobre lo que podría ser el estado de la nación y el estado de la no-nación, el cual hoy, a pocas semanas de culminar mi mandato presidencial, con datos y cifras más contundentes sobre la realidad económica actual, puede servirnos para entender en qué situación entregamos la economía nacional y cuál ha sido nuestro trabajo desde el Gobierno en los últimos cuatro años.

    Mucho se ha hablado, en el campo de las hipótesis científicas, sobre los mundos paralelos o los universos alternativos. Seguramente muchos han oído de ellos o han leído al respecto. Tal vez en libros científicos, como en la “Historia del Tiempo” de Stephen Hawking o “El Colapso del Universo” de Isaac Asimov; tal vez en otros más esotéricos, como “Uno” de Richard Bach; tal vez simplemente gracias a la imaginación febril de los guionistas de series como “Dimensión Desconocida” o de películas taquilleras como “Volver al Futuro”.

    La teoría, en los términos más simples, es ésta: ¿Qué pasaría si por cada opción o encrucijada que tenemos en la vida se desarrollaran diversos caminos, según sea la decisión tomada, que jamás vuelven a encontrarse? Esas otras vidas, las vidas posibles, tal vez existen y siguen su curso en dimensiones paralelas que forman una red infinita más allá del espacio y el tiempo, al otro lado de los agujeros negros del infinito.

    A veces, para entender la dimensión de un acontecimiento o la importancia del camino tomado, todos quisiéramos tener acceso a esa hipotética máquina del tiempo que nos permitiera saber qué habría pasado si hubiéramos caminado en otra dirección: qué habría pasado si me hubiera casado con aquella novia… qué habría pasado si hubiera aceptado ese cargo… qué habría pasado si hubiera hecho ese viaje… o estudiado esa otra carrera… o apostado al caballo ganador…

    Pues bien: eso que nos ocurre a nivel individual también puede ser aplicable para un país como Colombia, que vive día tras día la incertidumbre de nuevas encrucijadas. Si nos colocamos en un momento dado del tiempo, en junio de 2002, por ejemplo, es fácil criticar o agitar las banderas del escepticismo.

    Porque la reactivación económica no marcha tan rápido como quisiéramos. Porque la guerrilla no respondió con hechos de paz a la firme voluntad del Gobierno y de la sociedad colombiana. Porque el mundo mismo se asoma a las puertas de lo incierto, en medio de una lucha contra el terrorismo que no sabemos dónde puede acabar.

    ¡Claro que es fácil pontificar después de haber conocido los resultados! Pero, si supiéramos lo qué hubiera pasado en caso de haber tomado otro camino… ¿sería distinta nuestra percepción? Seguramente sí. Tal vez en un sentido o en otro, pero sería distinta.

    A menudo los gobernantes hacemos discursos o preparamos informes que sintetizamos bajo el nombre genérico de “el estado de la Nación”. Pero tal vez pudiéramos, siguiendo con este juego de la imaginación, pero también de la ciencia, que nos habla de los mundos alternativos, del doble negativo que habita al otro lado del universo, de la no-luz, del no-tiempo, del no-ser, hacer un experimento distinto: Hablar del “estado de la Nación”, por supuesto, pero hablar también sobre el “estado de la No-Nación”. Eso es lo que me propongo en este texto.

    ¿Cuál es la No-Nación? Es esa que hoy tendríamos -y que tal vez existe en un mundo alternativo- si hubiéramos tomado otras decisiones y otro rumbo. Digamos, por ejemplo, si no hubiéramos tomado las difíciles medidas económicas y de ajuste que tuvimos que tomar.

    Esa es la “No-Nación”, la que habita en la galaxia de las posibilidades. Como en una película de ficción, hagamos el experimento en el campo crucial de la economía.

    Hoy nos quejamos por los niveles de desempleo, por la baja demanda interna, por la lentitud de la reactivación, por las modestas perspectivas de crecimiento. Pero tal vez no lo haríamos si nos ponemos los lentes del universo alternativo.

    ¿Dónde estábamos hace cuatro años? Teníamos un desempleo que se había duplicado en un cuatrienio, pasando del 7.6% a cerca del 16% entre 1994 y 1998. Teníamos índices de inflación del 17.8% en 1997 y del 16.7% en 1998. Teníamos unas tasas de interés que superaban el 50% efectivo anual y que hacían inviable cualquier negocio e impagable cualquier deuda. Teníamos un sistema de vivienda que estaba a punto del colapso. Teníamos un peso artificialmente revaluado que hacía más atractivo importar bienes extranjeros que comprar productos nacionales. Teníamos un sector financiero al borde una crisis sistémica. Teníamos un sector agrario en franco retroceso. Teníamos una credibilidad financiera internacional resquebrajada y débil. Teníamos una actividad exploratoria petrolera en declive.

    ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos seguido por ese camino del gasto descontrolado? ¿Si hubiéramos dejado seguir su curso a las tendencias de la inercia económica? ¿Si nos hubiéramos abstenido de tomar medidas dolorosas y antipopulares, pero indispensables?

    Bien lo ha dicho el próximo Ministro de Hacienda, Roberto Junguito: “Reflexionando más profundamente, se identifican algunos vacíos en los análisis críticos que se vienen presentando. Lo primero es que tienden a menospreciar los desequilibrios macroeconómicos ante los cuales veníamos enrumbados. Sin entrar en polémicas, quisiera simplemente anotar que muchas veces se olvidan de analizar lo contrafactual. ¿Qué le hubiera sucedido a la economía colombiana si no se hubieran hecho los virajes económicos que se adelantaron desde 1999, y particularmente en los últimos años?”.

    La respuesta es clara: Estaríamos viviendo la No-Economía de la No-Nación. Cualquiera puede imaginar como desee el escenario de pesadilla que estaríamos viviendo, tal vez igual o peor que el de algunas naciones cuyos gobernantes no asumieron la tarea de hacer las reformas necesarias en el tiempo oportuno. Lo cierto es que no ha sido así. Hemos asumido riesgos y costos políticos, pero hemos preferido obrar con responsabilidad hacia el futuro que con popularidad en el presente. Siempre he creído que la historia habrá de darnos la razón. Miremos por qué:

    Rompimos la inercia creciente del desempleo que heredamos. Las últimas cifras reveladas por el Dane, a abril de 2002, demuestran que, gracias a programas de alto impacto social y regional como los que componen el Plan Colombia, estamos logrando el objetivo fundamental de crear empleos en las pequeñas ciudades y en las zonas rurales del país, aparte del que se crea por la reactivación del sector de la construcción. Éstas son algunas razones por las cuales la tasa de desempleo nacional bajó entre enero del año pasado y abril de este año del 17 al 16.1%.

    Además, hay que tener en cuenta que en estos 4 años cada vez más población -jóvenes y mujeres- está buscando ingresar al mercado laboral, lo que hace que no siempre los empleos generados por la economía se vean representados en una disminución del desempleo.

    De hecho, durante el 2000 se crearon más de un millón de empleos, durante el 2001 se crearon 924 mil empleos y en los cuatro primeros meses de este año se han creado más de 600 mil. Éstas son cifras de generación de empleo que nunca se habían visto en la historia del país y que, cada vez más, deben comenzar a traducirse en una disminución mayor en la tasa de desempleo.

    ¡Se acabaron las inflaciones cercanas o superiores al 20%! Hemos tenido tres años consecutivos con una inflación de un solo dígito, y así será también año, confiando en que quede por debajo del 6%, la más baja en las últimas tres décadas. ¡Hemos derrotado la inflación y con ella el impuesto más costoso para los más pobres de Colombia¡

    En cuanto a los intereses, los hemos bajado en más de 30 puntos y se han mantenido estables, con lo cual se reactiva el crédito y se estimula la inversión. Además, gracias a una política cambiaria y monetaria seria y coherente, hoy tenemos una tasa de cambio libre que fluctúa sin sobresaltos, aún en medio de crisis internacionales.

    Por otro lado, gracias a los mecanismos de ajuste fiscal que, con responsabilidad, hemos puesto en práctica, el déficit del sector público consolidado, que fue del 5.6% en 1999, bajó al 3.5% en el 2000, al 3.3% en el 2001 y confiamos en que este año no pase del 2.6%.

    Con medidas de emergencia y un enérgico tratamiento evitamos que el sector financiero en Colombia cayera en una crisis sistémica, gracias a lo cual hoy está firme, fuerte, consolidado, presentando importantes utilidades. Para impedir esta crisis posible tuvimos que invertir unos 7.6 billones de pesos –de los cuales 5 billones se destinaron a proteger el ahorro de la gente en la banca pública, 1.8 billones a aliviar la situación de los deudores del antiguo UPAC, 0.4 billones a la situación de la banca privada y 0.4 billones al sector cooperativo-. Sin embargo, el costo de impedir dicha crisis fue del 4.1% del PIB, sustancialmente menor que el que tuvieron que pagar otras economías en similares circunstancias, que oscila entre el 10 y el 11%. Así impedimos el No-Futuro de la Banca colombiana.

    En cuanto a la construcción de vivienda, que es un sector que demanda mucha mano de obra no calificada, hemos pasado una época difícil y hoy, gracias a múltiples políticas y programas para hacerla despegar, vemos un sector de construcción en plena reactivación. Mientras en 1999 la construcción decreció un 30% y en el año 2000 decreció un 8%, el año pasado creció nada menos que un 11%. Es más: fue el sector que más creció en la economía nacional. Y sigue avanzando: En el primer trimestre de este año el sector de edificaciones ha aumentado un 23.1% sobre el mismo periodo del año pasado. No más en el primer trimestre de este año las licencias de construcción aprobadas crecieron en un 53.8% y el monto de los créditos de vivienda aprobados aumentó en el primer cuatrimestre un 160%, sobre iguales periodos del año anterior. Y pensemos esto: Más vivienda es más empleo para la gente más pobre del país.

    El campo, el olvidado campo colombiano, está saliendo de su abandono y crece a tasas superiores al resto de la economía. Mientras el agro tuvo un comportamiento negativo en 1996 y en 1998 prácticamente no creció, en el 2000 creció en un formidable 5.2%, en el 2001 creció un 1.5% y este año se espera que crezca alrededor del 2.7%. Además, hemos incrementado el área cultivada del país en 400 mil hectáreas y la producción de alimentos en cerca de 2.8 millones de toneladas. ¡2.8 millones de toneladas más de alimentos que producimos en Colombia y que estamos dejando de importar!

    También la industria y el comercio continúan creciendo, tal vez no a las tasas que quisiéramos, ni comparables con las del año pasado cuando el parámetro era un año de recesión como fue el de 1999, pero siguen creciendo, y eso es lo importante.

    En cuanto a las exportaciones no tradicionales éstas crecen a una tasa superior al 10%. Más aún: las exportaciones industriales de Colombia crecieron en el 2001 a una tasa del 14.5%, muy por encima de los demás países de América Latina, y que los nuevos países industrializados del Asia.

    Y ni qué decir los buenos resultados que tenemos en el trascendental sector petrolero. Durante estos cuatro años revertimos la tendencia declinante de la actividad exploratoria en el país y, por lo mismo, hemos alejado la amenaza de la pérdida de autosuficiencia. En los últimos dos años se han firmado más de 60 contratos para explorar en áreas de alto y mediano potencial, cifra récord en las tres décadas de historia de los contratos de asociación. Además, dimos vía libre a la ampliación de la Refinería de Cartagena. Sin duda, los colombianos del futuro se seguirán beneficiando de los esfuerzos realizados en esta materia fundamental para el progreso del país y para garantizarle mayores ingresos.

    Con todo esto, la economía nacional logró superar la dura recesión de 1999 -que algunos auguraban como un fenómeno de varios años- con dos años seguidos de crecimiento: un 2.8% el año 2000 y un 1.6% el año pasado, lo que consolida un proceso de reactivación que continuará en el 2002.

    Por si fuera poco, gracias a las políticas mencionadas, -reforzadas por ajustes estructurales responsables como los presupuestos austeros, la reforma al régimen de transferencias, la ley de ajuste fiscal territorial, la reforma tributaria, la ley de juegos de suerte y azar, la creación de las zonas económicas especiales de exportación y la ley de Mipymes- Colombia hoy ha consolidado una gran credibilidad financiera a nivel internacional que nos permitió cubrir en buena parte, desde el año pasado, las necesidades de financiamiento externo de este año.

    ¡Éste es, en unas breves pinceladas, el estado de la Nación y de la economía de la Nación! No tengo duda de que es uno de los mejores posibles, dentro del abanico de opciones al que nos enfrentamos. Tengo la certeza de que es mucho más viable que el de la No-Nación que tendríamos de haber seguido con las tendencias que encontramos.

    La sabiduría no está solamente en analizar los escenarios pasados, presentes y futuros. La verdadera sabiduría, la que nos deja ver la realidad en perspectiva, también implica saber analizar los escenarios alternativos, los mundos de lo posible, los No-Presentes que tal vez existan en algún lugar del universo.

    Lo que pase de ahora en adelante, la Nación que levantemos sobre el camino ya recorrido, determinará el rumbo de nuestro mañana. Cada decisión que tomamos produce un mundo alternativo. Escojamos la mejor opción para no perdernos en los agujeros negros de la desesperanza. Escojamos la opción del trabajo y el pensamiento positivo.

    ¡Sólo así seguiremos esquivando el oscuro escenario de la No-Nación! ¡Sólo así seremos dignos de llamarnos dirigentes de un país que tiene muchas razones para creer en su futuro!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    2002

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