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  • LOS MIEMBROS DE LA ARMADA NACIONAL ESTAN HECHOS DE VALOR Y SENTIDO DE PATRIA

    CEREMONIA DE GRADUACIÓN Y ASCENSOS DE LA ARMADA NACIONAL

     La vida de los miembros de la Armada Nacional, como la de todos los hombres y mujeres que trabajan por defender la integridad del país, bordea siempre los acantilados del riesgo. No sólo porque los mares y los ríos sean un elemento inhóspito e incierto, sino porque su función, como la de todos los miembros de las Fuerzas Armadas, implica arrojar la fragilidad de la vida hacia la férrea dureza del combate.

    Como el capitán Achab, quien a bordo de su buque perseguía sin descanso a esa fiera encarnación del mal que es Moby Dick, los miembros de la Armada no cesan en su empeño de rastrear, cercar y capturar a quienes amenazan la solidez de nuestras instituciones. ¡Nosotros tenemos nuestras propias ballenas blancas!

    Basta pensar en las operaciones de la Brigada Fluvial en el río Putumayo para percatarse de que su importancia es tan grande como el valor de los hombres que las ejecutan. En sus búsquedas de laboratorios de droga y cultivos ilícitos en medio de las inclemencias de la selva, en sus enfrentamientos con organizaciones armadas al margen de la ley, en el patrullaje permanente de las aguas fronterizas -donde no faltan los contrabandistas o los proveedores de insumos para el procesamiento de la pasta de coca- se demuestra que el patriotismo crece ante la adversidad.

    Éste es el material del que están hechos los miembros de la Armada Nacional: de valor y sentido de patria.

    En mi reciente visita a Buenaventura, hace exactamente un mes, uno de los infantes que participaron en la Operación Dignidad, una de las más exitosas en nuestra lucha contra la plaga de las autodefensas, me comentaba que, aún en medio de la selva pantanosa y de los esteros del río Naya, no pensaba en la dificultad del terreno ni en lo despiadado del enemigo. Su verdadera preocupación era devolverle a los habitantes de la región, a los niños de Puerto Merizalde o el Pastico, la oportunidad de pasar una noche sin temor a la muerte y la destrucción.

    El resultado de esa convicción, como todos sabemos, fue la captura de 73 miembros de esta organización,  la presencia de 4 dados de baja y la incautación de abundante material bélico y de comunicaciones. Gracias a la Operación Dignidad se logró el desmonte del frente pacífico del bloque occidental de las autodefensas y, con ello, se devolvió la  tranquilidad a miles de colombianos.

    ¡Éste ha sido el mayor golpe propinado hasta ahora a las Autodefensas ilegales y debo reconocer y felicitar a la Armada Nacional por su decidida participación en el mismo! Cada día más los que pretenden manchar el nombre de las Fuerzas Militares, vinculándolas institucionalmente con la actividad criminal de los autodefensas, se están quedando sin argumentos.

    Cuando hay entrega los resultados no tardan en llegar. Por eso no es de extrañar que, en lo corrido de esta año y en el ámbito de la lucha contra el narcotráfico, hayan sido decomisadas por la Armada más de 7 toneladas de cocaína, hayan sido destruidos 32 laboratorios y hayan sido incautadas varias toneladas de cemento y gasolina destinados al procesamiento de la coca.

    Sólo en la Operación Titán, realizada entre el 15 de marzo y el 9 de abril, se encontraron 2.300 litros de cocaína líquida, 9 toneladas de insumos, 18 laboratorios y una pista clandestina por donde los narcotraficantes sacaban la droga del país.

    La Operación Tsunami, conformada por tropas de infantería de marina, del ejército y fuerzas especiales, actualmente adelanta una empresa de dimensiones similares cuyos resultados, seguramente serán igual de contundentes.

    Asimismo, gracias a las operaciones de inteligencia de la Armada Nacional, se logró la captura de Vicente Wilson Rivera, el jefe del cartel de las drogas del Amazonas. Esta cooperación, en torno a un propósito en el cual están unidas no sólo las Fuerzas Armadas sino el conjunto de la sociedad, es de un inmenso valor, pues demuestra que, si articulamos con coherencia nuestros esfuerzos, podremos ver algún día la desaparición del nefasto negocio de las drogas ilícitas.

    En operaciones contra el contrabando también se han dado duros golpes a quienes golpean la economía nacional. 30 toneladas de mercancía de contrabando fueron retenidas por los buques ARC Espartana y ARC Cartagena de Indias, cuando pretendían ingresar al país por el área de Bahía Portete. Igualmente, en aguas del Golfo de Urabá, la Armada incautó mercancías valoradas en 1.000 millones de pesos y detuvo a los doce tripulantes de la embarcación que navegaba en una zona prohibida.

    Por todo lo anterior, y por la gran tradición que tiene la Armada, no es casual que se le haya asignado la tarea de conducir, durante el mes de abril en el Caribe y el de agosto en el Pacífico, la Operación Unitas. Con la participación de 11 países invitados por Colombia y con la realización de ejercicios de interdicción marítima en los cuales se usan las más vanguardistas tecnologías, ésta será una valiosa oportunidad para intercambiar experiencias con otros cuerpos marítimos y para demostrar, más allá de lo ya conocido, el valor de la Armada Nacional.

    Estimados amigos de la Armada:

    El camino ahora consiste en consolidar lo que hemos progresado. Como ya lo he mencionado en otras ocasiones, el Gobierno Nacional no ha escatimado esfuerzos para fortalecer a las Fuerzas Armadas. En ese sentido, se han invertido 1.500 millones de pesos para la construcción de una nueva sede para la Capitanía de Guardacostas en Santa Marta y, con el fin de combatir el narcotráfico en el sur del país, se han destinado nada menos que 12 millones de dólares para financiar las operaciones de la Brigada Fluvial de la Infantería de Marina en la región.

    Asimismo, con el interés de proseguir el proceso de modernización del conjunto de las instituciones militares, el mismo que llevó a afirmar al saliente Ministro de Defensa, Luis Fernando Ramírez, que hoy por hoy Colombia tiene las mejores Fuerzas Armadas de toda su historia, también se ha puesto a punto la legislación militar.

    En esta ceremonia ya podemos constatar una pequeña parte de sus efectos. Gracias al decreto 1790 de 2000, que en su artículo 38 posibilita el escalafonamiento de civiles profesionales como oficiales de las Fuerzas Armadas, vemos hoy la primera generación de este tipo de oficiales en la Armada Nacional. Esto reducirá sustancialmente los costos de preparación de oficiales, aumentará la disponibilidad de los mismos y, sobre todo, dotará a la institución de un personal comprometido y altamente calificado para asumir el conjunto de complejas tareas que le corresponden a una entidad militar moderna.

    En el campo de la profesionalización, donde la instrucción en derechos humanos es esencial, también hemos realizado notables avances. Más de 100.000 miembros de las Fuerzas Armadas han sido capacitados en el tema de los derechos humanos. Bajo la convicción de que la fuerza legítima es únicamente la que se funda en el trípode del apego a la ley, el respeto a los derechos humanos y el respaldo popular, hemos difundido con vehemencia la tesis según la cual la defensa armada de las instituciones no puede significar, de ninguna manera, un retorno a la barbarie.

    Vale anotar, como ilustración de cuánto se han interiorizado los principios humanitarios, que en la Operación Dignidad, una vez los Infantes de Marina capturaron a los delincuentes, los proveyeron de una ración de su propia comida, pues ellos llevaban varios días sin comer. Ésta es una muestra fehaciente de la forma gallarda en la que las Fuerzas Armadas están combatiendo por los colombianos y de que la contundencia y el arrojo no van en contravía de las mínimas reglas de humanitarismo.

    Por todo lo anterior, los 22 nuevos oficiales y los 2 nuevos contralmirantes que hoy celebran sus merecidos ascensos pueden estar seguros de que pertenecen a un cuerpo estatal cada vez más profesional, mejor dotado  y más respetado. Ya sea con el ánimo de la juventud o con la experiencia de sus años de servicio, ustedes enriquecerán una institución que brilla con luz propia y que, ahora, con sus aportes y su amor a Colombia, brillará aún con más fuerza.

    Especialmente quiero destacar el ascenso a Contralmirante del hasta hoy Capitán de Navío Alberto Rojas Torres, Comandante de la Fuerza Naval del Pacífico. Este hombre, que ha entregado 31 años de su vida a la Armada y que, en su graduación como Teniente de Corbeta, recibió la espada de manos de mi padre, dirigió con un éxito rotundo la Operación Dignidad. Después de ver cómo el helicóptero artillado, desde el cual  animaba las tropas, era abaleado desde tierra por un frente de las autodefensas, el entonces Capitán pudo ubicar el lugar en el cual estaba concentrado y, luego de sortear el riesgo de un incendio en la nave, comandó, desde la fragata Almirante Padilla, el gigantesco operativo que lo liquidó. Unidades terrestres, navales y aéreas fueron coordinadas por él con astucia y precisión, dejando el satisfactorio balance por todos conocido.

    Contralmirante Rojas: es un honor para mí congratularlo con este ascenso. Personas como usted, con tanta valentía y tanta mística, son las que ponen en alto el nombre de la institución.

    Al nuevo Contralmirante XXXXXXX….

    Personas como usted y el Almirante Soto, quien lidera con coraje el conjunto de la institución, son quienes nos hacen creer que la palabra “Patria” no es un sustantivo vacío y que, si muchos más emularan una mínima parte de su coraje, otra sería la cara del país.

    Señores Oficiales:

    En un país con 2 mares y con unos 15.000 kilómetros de ríos navegables, la Armada es un cuerpo militar imprescindible. Sin las lanchas surcando los ríos o sin las fragatas y corbetas que navegan por sus costas, otro sería el panorama de nuestra nación ¡Gracias por su trabajo! ¡Gracias por su amor a Colombia!

    No sólo yo, de eso estoy seguro, sino la gran mayoría de los colombianos, les agradecen su entrega. En ese sentido, vale la pena repetir lo que el Almirante Padilla, ese gran héroe guajiro, pronunció días después de su victoria en Maracaibo: “Todo el que sea verdaderamente colombiano, amante de su patria, debe conocer la necesidad y la utilidad de la Armada Nacional”.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Cartagena, Colombia
    1 de junio del 2001

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