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  • NACE CONSEJERÍA PARA LA CONVIVENCIA Y SEGURIDAD CIUDADANA

    Ceremonia de ascenso e imposición de insignias de los oficiales de la promoción “Teniente Coronel Jairo Alberto Castro Guarín” de la Policía Nacional

    Una valla que en Bogotá ha sobrevivido al paso del tiempo dice: “Educad al Niño y no tendréis que castigar al hombre”.

    La ilustran un policía y un niño. El policía, garante de su seguridad, el niño presente y futuro de Colombia.

    Esta valla es una lección de vida. Nos recuerda que la confianza y la legitimidad, son la base para construir una paz cierta y un progreso seguro.

    Nos recuerda también que la Policía Nacional tiene la obligación de dar curso a los nuevos sueños de quienes aspiran a afrontar sin los miedos del pasado la cercanía del próximo milenio.

    Asisto a esta ceremonia con la certeza, que la promoción “Teniente Coronel Jairo Alberto Castro Guarín”, es un ejemplo ilustre del motor de cambio y modernización, con el que la Policía Nacional, sigue mostrando sus frutos.

    El ascenso que ustedes reciben hoy, es apenas uno, de los muchos reconocimientos  que la Nación les debe por sus años de servicio patriótico, su lucha incansable y su empeño decidido, para construir la Colombia en la que todos queremos vivir en el siglo XXI.

    La labor que ustedes desempeñan es mucho más que un oficio, un trabajo, o una profesión. Lo de ustedes, es vocación.

    y en las vocaciones son pocos los escogidos, porque una vocación se construye con talento, dedicación y convicción. Muchos llegan, pero sólo los  mejores permanecen. Y la vocación de los mejores es servir.

    La Policía Nacional le ha servido a Colombia de manera ejemplar y ha pagado una alta cuota en sangre, al cumplir con su deber constitucional de velar por la vida de los colombianos y nuestro derecho a vivir en paz.

    A aquellos que perdieron la vida por su compromiso con el deber, a las familias de aquellos que con su muerte prolongaron nuestras vidas, quiero decirles que su sacrificio no ha sido en vano:

    Quiero ofrendarles mi compromiso para terminar la tarea que sus esposos, padres, hermanos e hijos iniciaron.

    Gracias a ellos, hoy tenemos un país un poco más justo, un poco más seguro y mucho más cercano al objetivo de construir la paz por la que ellos se sacrificaron.

    Gracias a la Policía Nacional, el mundo entero sabe que en Colombia tenemos un fuerte deseo de cambio. La prueba, es la condecoración como “Mejor  Policía del Mundo” otorgada al General Rosso José Serrano, orgullo de Colombia y modelo para las nuevas generaciones que entendieron con su ejemplo, que nuestro país necesita más policías eficientes, más autoridades responsables pero sobre todo más ciudadanos convencidos que la honestidad, el coraje y el amor a la Patria son los instrumentos esenciales para construir un país en el que reine la paz y prevalezca la seguridad.

    Sé que la Policía le está apostando a esta tarea. He sentido su apoyo incondicional, así como de las Fuerzas Militares, en el tema de la paz. Sé que me acompañan en mi convencimiento de que la seguridad ciudadana, el respeto a los derechos humanos, el progreso y la equidad son los nuevos nombres de la paz.

    No son sencillos los problemas que enfrenta el policía colombiano: es el caso del problema mundial de drogas que estamos combatiendo sin contemplación alguna, afrontando uno de los retos más difíciles que Estado alguno haya vivido en las últimas décadas. Todos nuestros valores, toda nuestra riqueza y toda nuestra tranquilidad han sido amenazadas como nunca en su historia por una actividad delictiva cuyo fruto final sólo es sinónimo de muerte y degradación humana.

    Los colombianos tenemos la convicción moral de que este flagelo es una plaga que devasta a la sociedad. Por esto mi Gobierno, sigue adelante con todo empeño en los propósitos que se fijó en el Plan Nacional Antidrogas.

    Yo, como Presidente de los colombianos estoy convencido de que estamos cumpliendo con las expectativas que nos hemos impuesto ante nosotros mismos y ante la comunidad internacional. Me he imaginado un país sin narcotráfico, y no descansaré en lograr este propósito.

    Sé que cuento con la Policía Nacional para erradicar de mi país a las drogas ilícitas, de una vez por todas y para siempre.

    Hemos erradicado 60.000 hectáreas de coca y amapola, decomisado 52 toneladas de pasta de coca y 6.724 toneladas de precursores químicos. Han sido destruidas 30 pistas clandestinas y hemos capturado 1.279 nacionales y 53 extranjeros involucrados en estas actividades ilícitas.

    Estas cifras son una clara prueba del compromiso indeclinable de Colombia frente al mundo en su lucha frontal contra las drogas. Es un reto que hoy más que nunca nos compromete y al que estamos respondiendo con total determinación.

    Compatriotas policías: su misión de combatir el cultivo, la producción, el  tráfico y la distribución, así como la infraestructura que sirve de soporte al negocio del narcotráfico debe continuar. Los métodos de lucha deben modernizarse permanentemente ya que no pocas veces los traficantes han dado muestra de su imaginación para el delito. Debemos continuar a la vanguardia del mundo sirviendo de ejemplo de lo que debe hacerse. Los resultados obtenidos hasta el momento ya los conocemos y nos llenan de orgullo y entusiasmo.

    Otro problema fundamental para los ciudadanos y que afronta la Policía es el tema de la seguridad ciudadana. Colombia necesita una Policía que promueva la convivencia y reprima el delito.

    Mi Gobierno para fortalecer el esfuerzo conjunto en materia de seguridad ciudadana ha creado el Programa Presidencial para la Convivencia y la Seguridad Ciudadana. Con él buscamos que todos los colombianos logren que su vida se desarrolle en forma más tranquila. Buscamos que la autoridad nacional, y las autoridades departamentales y municipales consoliden acciones específicas a favor de la convivencia y seguridad ciudadana. Buscamos que haya mayor cantidad de policías en las calles con un mejor contacto con el ciudadano de tal forma que este contacto sea constructivo y solidario, que ayude a consolidar la paz.

    También para mejorar nuestros mecanismos de lucha contra el delito, le he propuesto a la Policía Nacional que trabajemos en cinco tareas para el futuro de la institución: la Policía Comunitaria, la educación en valores, la Policía Rural, la inteligencia y los derechos humanos. Con ello espero que la labor policial sea cada día más eficaz, condición fundamental para el logro y la consolidación de la paz.

    El policía que necesitamos tiene que seguir siendo el amigo del niño, el servidor de la sociedad. El común denominador entre la policía y la sociedad debe ser la confianza y el mutuo respeto.

    He sido testigo del cambio positivo en la percepción ciudadana de la Policía, en especial en lo que tiene que ver con su acercamiento a las comunidades. y sé que la razón para ello radica en que el mando policial tomó conciencia de que un policía que no cuente con el respeto del ciudadano, no está en capacidad de cumplir con la misión que el Estado y la sociedad le han asignado.

    La elaboración de planes que tienen como objetivo la construcción de un comportamiento cívico y la generación de espacios para el trabajo conjunto entre autoridades y ciudadanos, ha tenido éxito y por ello deben fortalecerse.

    La Policía Nacional sabe que la mejor herramienta para mejorar las condiciones de seguridad en nuestros campos y ciudades, es el cambio de actitud de las personas: los colombianos tenemos que pasar de la indiferencia al compromiso, al interés por el otro.

    Necesitamos que los vecinos de parcela en el campo, los vecinos de barrio en la ciudad, asuman actitudes solidarias que mejoren sus condiciones de protección, disuadiendo a quienes desean atentar contra la integridad de su vida y de sus bienes. Igualmente que vean en el Policía un factor promotor de la resolución pacífica de desavenencias y conflictos personales.

    Hoy tristemente en algunos lugares de la geografía nacional, el papel del Estado se confunde con el papel de la Policía, que sola y aislada en medio del conflicto violento, defiende con su vida los intereses de la sociedad.

    Apoyar a la Policía, es entonces fortalecer la democracia, garantizar la seguridad, y ese es nuestro imperativo: apoyar a la Policía, es construir la paz.

    La paz es una tarea conjunta en la que todos nos tenemos que comprometer. La paz cuesta, pero fructifica.

    Quiero que al finalizar mi gobierno la ética y los valores morales reinen en todos los rincones del país.

    Quiero que el “no matarás” y el amor al prójimo sean la brújula que nos permita navegar seguros hacia el puerto firme de una Colombia en paz.

    y permítanme decirlo, estamos trabajando en esa dirección. Los colombianos, sin distingo de edad, origen o clase social, reclamamos el derecho a vivir, sin que los violentos nos perturben, sin miedo de salir a la calle, sin la angustia permanente que genera la inseguridad, sin la zozobra de saber que cada día muchos compatriotas mueren de manera violenta.

    Como tuve oportunidad de decir en días pasados con ocasión de la celebración de los 50 años de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “ninguna muerte es necesaria, ninguna muerte esjusta. Cada ser humano que muere empobrece esta Patria colombiana y ensombrece su futuro. Esta es una sociedad enferma que debe optar por la vida”.

    El respeto a los derechos humanos y al derecho internacional humanitario, es una tarea inherente al encargo constitucional que tiene la Policía de velar por que los ciudadanos puedan convivir en paz.

    Por eso estoy convencido que la Policía, que ha hecho de la autocrítica su motor de cambio, no cederá ni un milímetro en su empeño para castigar, al interior de la institución, a todos aquellos que faltando al reglamento desconozcan los principios que los rigen.

    La paz hay que construirla paso a paso, como lo estamos haciendo con objetivos concretos y propósitos definidos, porque pueblo que no sabe para donde va, corre el riesgo de llegar a ningún lado.

    Hoy, después de varios años de renovación en la Policía Nacional, podemos afirmar que sus miembros se proyectan con éxito hacia el futuro, porque han demostrado sus calidades morales y su espíritu de servicio. Los colombianos necesitan en los lugares donde viven y trabajan del liderazgo del policía.

    Señores Mayores Generales y Brigadieres Generales de la República y Señores Subtenientes de la promoción “Teniente Coronel Jairo Alberto Castro Guarín”:

    El justo ascenso que celebramos tiene una doble finalidad: agradecerles su servicio patriótico y recordarles la responsabilidad que han adquirido con un pueblo que ve en ustedes la garantía de un mejor porvenir. De su labor depende que la sociedad empiece desde ya, a construir el país del mañana. Los invito a ser líderes. Los invito a que nos ayuden a conducir a Colombia por un sendero de paz y tranquilidad que todos sabemos que ya es hora de merecernos.

    Encabecen ustedes esta tarea que será semilla y fruto de paz.

    Colombia espera mucho de ustedes. Ustedes representan lo más valioso de un pueblo que en medio de todos sus conflictos, sigue luchando para conseguir el bienestar. Colombia ha depositado en ustedes su confianza. En nombre del pueblo colombiano, les expreso mi profunda admiración y mi deseo para que sepan siempre, recorrer el camino de honor y mantener la dignidad que le corresponde a ustedes, los salvaguardas de la seguridad y los garantes de la paz en todo el territorio nacional.


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    15 de diciembre de 1998

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