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  • NOCHE DE AMISTAD REUNIDOS PARA CELEBRAR NUESTROS VALORES COMUNES Y NUESTRA FE EN LA DEMOCRACIA

    LA CENA OFRECIDA A LOS JEFES DE ESTADO Y DELEGACIONES ACREDITADAS PARA LA POSESIÓN DEL NUEVO MANDATARIO DE LOS COLOMBIANOS 

    Ésta es la última noche en que serviré como anfitrión en esta Casa de Nariño. De hecho, es la última noche que pasaré como inquilino en este hermoso monumento nacional en el que nació hace más de 237 años el precursor de la independencia de mi país.

    Por supuesto, no puedo negarles que siento una mezcla de sentimientos encontrados, el primero de los cuales es la nostalgia, aunque matizada por la convicción de haber hecho las cosas bien, de haber enfrentado los múltiples desafíos del Gobierno con responsabilidad y de estar dejando hoy a Colombia por el sendero de la reactivación económica, del desarrollo social y en mejores condiciones para seguir avanzando en la búsqueda de la paz.

    Pero esta última noche, por fortuna, no es una noche triste, sino una noche de felices reencuentros, de grata reunión y de alegre conversación con mis buenos amigos del mundo entero que se han dado cita en Bogotá para asistir a esa fiesta democrática que significa la transición pacífica y tranquila de un Presidente a otro elegido con la misma libertad y transparencia por el pueblo.

    ¡Ésta es una democracia que da gusto mostrar y compartir, porque cada día -a pesar de los embates y la crueldad de unos pocos terroristas- se fortalece más y se consolida como el centro vital de nuestra nación!

    El 26 de mayo de este año más de 10 millones de ciudadanos, en el campo y las ciudades, salieron a votar con entusiasmo, con confianza en la seguridad que les proporcionaba la Fuerza Pública, para elegir al nuevo Presidente de Colombia, y así lo hicieron, en forma festiva y serena, con todas las garantías aseguradas por parte de mi Gobierno.

    Mañana en la tarde el doctor Álvaro Uribe Vélez, elegido por la mayoría absoluta de estos sufragios, asumirá como Presidente de Colombia y yo le entregaré, con la satisfacción del deber cumplido, la dirección de un país estable, que enfrenta decidido sus problemas con el coraje y el talento de más de 40 millones de habitantes que quieren la paz y el progreso.

    Hoy, por lo pronto, mientras llega ese momento histórico, quiero congratularme en el encuentro que vivo con mis buenos amigos y disfrutarlo plenamente. Aquí están los Presidentes de varias hermanas repúblicas de América Latina; aquí está el Príncipe de Asturias, don Felipe de Borbón; aquí están los embajadores y delegados de varios países amigos que han querido acompañarnos en este evento trascendental de la vida nacional. A todos ustedes, ¡gracias por su presencia y por su afecto constante hacia Colombia!

    Ésta es una reunión de amigos, de colegas en el esfuerzo diario de buscar la paz y el desarrollo social de los pueblos del mundo. El Príncipe de Asturias, por ejemplo, ha sabido expresar su solidaridad hacia nuestro pueblo en uno de los momentos más difíciles de mi Gobierno, con ocasión del terremoto en el Eje Cafetero ocurrido el 25 de enero de 1999. Entonces vino a visitarnos y a traer el aporte generoso del pueblo español ante nuestra tragedia, y se ganó el corazón de Colombia. Por supuesto, para él no era nuevo este país, pues ya había estado en mi posesión, hace exactamente cuatro años, e incluso antes, muy joven, en 1983, cuando arribó a Cartagena, en lo que fue su primer viaje oficial a un país extranjero. Así que, querido Príncipe, ¡bienvenido como siempre a ésta su casa!

    También quiero dar un saludo muy especial a mis colegas del Ecuador, de Honduras y de Panamá, cuya presencia enaltece esta reunión, y a todos los demás distinguidos visitantes que nos honran y alegran con su presencia. ¡Sean bienvenidos, hoy y siempre, a las redes invisibles de nuestro afecto!

    Apreciados amigos:

    Como dije al inicio, ésta es una noche especial, una noche de despedida, de nostalgia pero también de alegría, que hemos querido, Nohra y yo, compartir con ustedes.

    Tal vez concluiría diciendo que es, ante todo, una noche de amistad en la que personas de diferentes naciones nos reunimos para celebrar nuestros valores comunes y nuestra fe en la democracia.

    Queridos amigos: Con este sentimiento de amistad y fe en el futuro de nuestros pueblos vibrando en el aire de esta noche bogotana, quiero levantar hoy mi copa, por última vez como Presidente de la República de Colombia, y brindar por el futuro venturoso de esta querida nación por la que nunca dejaré de trabajar y por la felicidad de sus propios países, tan cercanos a nuestro corazón.

    Que Dios bendiga el futuro que nos toque vivir.

    ¡Salud y muchas gracias!


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    6 de agosto del 2002

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