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  • QUITO, HERMOSO TESTIMONIO DE NUESTRA HERENCIA HISPANICA

    Amigos Quiteños:

    Cuando un bogotano, como yo, llega a la histórica y hermosa ciudad de San Francisco de Quito no puede menos que sentirse en su propia casa, al encontrarse en medio de las verdes cumbres andinas, con el cielo y las estrellas al alcance de la mano, y en contacto con un pueblo tan próximo al nuestro en espíritu y tradición.

    Quito, la bella Quito, -como mi ciudad-, es un tesoro colonial resguardado en un precioso estuche de cerros tutelares.

    Aquí, en Quito, el alma se regocija y se extasía al encontrar a cada paso preciosas joyas artísticas, iglesias que invitan al recogimiento y la contemplación, hermosos testimonios de nuestra herencia hispánica, y también la presencia y el aporte de los primeros habitantes de nuestro continente.

    Quito, “Luz de América”, hoy recibe con su hospitalidad de siempre al Presidente de la hermana Colombia, y siento, al visitarla y al vivirla, un estremecimiento de emoción, porque este momento revive tantos otros que se han dado en el pasado, desde los tiempos coloniales, cuando nuestra historia y nuestras culturas se han tocado con reverencia y respeto.

    Nada me honra más que recibir de manos del Señor Alcalde, el General Paco Moncayo Gallegos, las llaves simbólicas de esta ciudad que ha sido declarada, con justicia inobjetable, un “Patrimonio Histórico de la Humanidad”.

    Aquí, en las laderas del volcán Pichincha, donde Sucre y Córdova ganaron con valor los laureles de la gloria; aquí, tan cerca de las bellas e históricas Plazas de la Independencia, de San Francisco y de Santo Domingo; aquí, en esta cruz gigantesca que forman la cordillera de los Andes con la Línea que divide el mundo en dos hemisferios, dejo, con el afecto inmenso de mi pueblo, un testimonio de amistad de Colombia hacia una ciudad plena de historia y calidez.

    Bolívar, siempre enamorado de Quito y de la bella quiteña que le salvó la vida, pronunció alguna vez esta frase en honor a los habitantes de esta ciudad de valientes:

    “¡Quiteños! Recibid a nombre de la patria la gratitud que se os debe, por vuestro inflamado celo por la conservación de la sacrosanta ley que ha fundado a Colombia”.

    En eso nos identificamos: en el amor y el apego a la ley, en la preservación de nuestra herencia hispana e indígena, y en el culto del arte, en todas sus expresiones.

    La Escuela Quiteña, que llenó de santos, de vírgenes y de ángeles, las casas y los templos de Colombia y de América, a través de las manos de artistas iluminados, como Miguel de Santiago, hace ya parte de nuestro bagaje cultural.

    Por eso hoy, rodeado por tantos arcángeles, querubines y serafines como no hay en ninguna otra capital de América, siento la bienaventuranza de estar entre mis amigos quiteños, y el infinito orgullo de sentirme uno con ustedes.

    ¡Dios bendiga a Quito y a su gente! Y cuenten siempre con mi imperecedera admiración y amistad.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Quito, Ecuador
    28 de septiembre del 2000

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