INSTALACIÓN DE LA CONVENCIÓN BANCARIA Y DE ENTIDADES FINANCIERAS DE COLOMBIA

“Hoy quiero dirigirme a este selecto auditorio para transmitirles un mensaje cargado de optimismo y esperanza. Después de más de año y medio de crecimiento negativo, es incuestionable que hoy la economía está mostrando signos concretos de reactivación. La industria, que caía en más de 20% hace un año, está creciendo a tasas cercanas al 10 %. Sectores como los textiles, los equipos electrónicos, los químicos y las industrias básicas del hierro y el acero están liderando la recuperación con una dinámica que ni los más optimistas vaticinaban hace tan sólo unos meses.

Las exportaciones también están creciendo aceleradamente, en especial aquellas con alto valor agregado y generadoras de empleo. De hecho, las ventas colombianas de estos productos están aumentando por encima del 30%, en especial las que van hacia Estados Unidos y la Comunidad Andina.

Pero no es sólo en la industria donde encontramos señales de reactivación. El comercio, el transporte, los servicios y la agricultura han comenzado también a crecer. Inclusive el sistema financiero, tan golpeado por la mala situación de los deudores e incapaz de abrir plenamente las compuertas del crédito productivo, está dando síntomas de recuperación que se están reflejando en indicadores como la mejoría de la calidad de la cartera. Con todo esto, las empresas y los ahorradores están cada vez mas protegidos y apoyados por los bancos.

La economía está demostrando que tiene las condiciones para crecer y volver a generar empleo. La reactivación ya no es un anhelo sino algo real que estamos comenzando a sentir todos los colombianos.

No hemos ganado la guerra todavía; es cierto. Sin embargo sí hemos ganado muchas batallas que son indispensables para ganar la guerra contra la pobreza y el desempleo. Estos datos no sólo no mienten, sino que además nos permiten ser optimistas y tener confianza en el futuro. No se les olvide que el único camino para estar bien es comenzar a estar mejor. ¡Y eso precisamente es lo que muestran hoy los indicadores económicos!

Como todos ustedes bien lo saben, hace poco más de año y medio año era impensable hablar de reactivación. Recordemos que en aquel entonces

teníamos una economía en caída libre y dando los primeros síntomas de recesión: finanzas públicas descontroladas, tasas de interés que superaban el 40%, desempleo creciendo aceleradamente, inestabilidad cambiaria y un deterioro alarmante de la cartera del sistema financiero y de los deudores hipotecarios. El panorama no podía ser más desalentador.

Había que actuar con rapidez. Las medidas que se debían tomar eran impopulares y requerían demucha paciencia y esfuerzo. Sin embargo, era el momento de poner la economía por encima de cualquier otra consideración .

Y así lo hice. Sabía que sólo mediante el ajuste fiscal podría llevar la economía nuevamente a la senda del crecimiento. Y sabía también que esta opción sería dolorosa, sobre todo después de lo mal acostumbrados que estábamos a resolver todos nuestros problemas a costa de mayor gasto público. Sin embargo no había opción. Había llegado la hora de poner la casa en orden.

Comencé entonces este proceso con mi equipo económico, centrándonos en el restablecimiento de la estabilidad macroeconómica y en la corrección de algunos precios claves de la economía que estaban limitando el crecimiento y la generación de empleo. Nos animaba el convencimiento de que los crecientes desequilibrios fiscales eran los responsables no sólo de una revaluación nociva y de una progresiva pérdida de competitividad de las empresas colombianas, sino que además se habían convertido en la principal fuente de incertidumbre sobre las reglas de juego de la economía. Por esto enfilamos las baterías hacia el ajuste de las finanzas públicas.

En primer término, la corrección del déficit fiscal nos exigió manejar el Presupuesto Nacional con mucha austeridad. Sólo para dar un ejemplo de los esfuerzos que hemos realizado en este frente, redujimos los gastos de funcionamiento, después de que habían crecido por encima del 30% a lo largo de la década.

El esfuerzo fiscal lo acompañamos con reformas orientadas a asegurar su sostenibilidad tanto a nivel del gobierno nacional como de los entes territoriales.

En diciembre de 1998, por ejemplo, ampliamos la base del IVA y se mejoraron los instrumentos para el control de la evasión y el contrabando. Gracias a este esfuerzo, la DIAN ha abierto más de 200 mil investigaciones que nos han permitido recaudar 650 mil millones de pesos. Bajo estas mismas líneas creamos a finales de 1999 el fondo de pasivos territoriales, para que pudiéramos así garantizar el pago de pensiones en los departamentos y contribuir a desactivar esta bomba pensional.

Podría mencionar muchos otros ejemplos como el acuerdo con el Fondo Monetario o la efectiva labor de la dirección de apoyo fiscal para sanear las finanzas territoriales de lo que hemos hecho para sanear las finanzas públicas. Sin embargo, lo importante es que los resultados de todas estas acciones han sido contundentes: logramos calmar las presiones cambiarias, abrimos de esta manera espacio para que bajaran las tasas de interés y mantuvimos y consolidamos la baja en la inflación. Estas, y sólo éstas, han sido las principales semillas de la reactivación que hoy comenzamos a ver.

Pero nuestros esfuerzos no se han limitado exclusivamente a la corrección de los desequilibrios fiscales. También nos dimos a la tarea de tomar todas las medidas necesarias para acelerar la reactivación de la actividad productiva y para fortalecer el debilitado sistema financiero. En esto no les quepa la menor duda: en materia de estabilización económica el gobierno siempre ha mantenido un ojo en las finanzas públicas y el otro en el fortalecimiento del sistema financiero.

No se nos puede olvidar que recibimos un sector financiero deteriorado, seriamente afectado por la coyuntura recesiva de la economía y en los umbrales de una delicada crisis. Por eso afrontamos el problema con firmeza, adoptando una amplia gama de medidas dirigidas a resolver oportunamente esta situación, a pesar de que varias de ellas eran abiertamente impopulares.

Quizá lo más importante en esta materia ha sido el establecimiento de mecanismos extraordinarios para preservar la liquidez y solvencia de las instituciones, la política de alivios a los deudores hipotecarios y el diseño de procedimientos tendientes a reestructurar patrimonialmente la banca privada.

Capítulo aparte merece la ardua e impostergable tarea de reestructurar la banca oficial, postrada ante el pobre manejo de años anteriores. En efecto, después de un riguroso análisis sobre la problemática de la banca pública, se concluyó que la persistente ineficiencia, el riesgo moral que se evidenciaba de la actuación de los administradores y de sus clientes y los significativos recursos que involucraba, hacían necesario adoptar medidas de fondo que sinceraran los costos acumulados del manejo de estas entidades durante los últimos años, previniendo el riesgo sistémico y un posible colapso del sistema de pagos de la economía.

Esperamos concluir prontamente la labor de saneamiento de los bancos públicos, para así pasar a la etapa de enajenación de la participación estatal en las mismas, con la única excepción del Banco Agrario, entidad que por estar orientada a canalizar el ahorro hacia los campesinos de Colombia, debe permanecer en poder del Estado.

En todo caso vale la pena destacar que los costos de la crisis financiera han sido mucho menores que aquellos que se han presentado en otros países. De hecho, los 3 puntos del PIB que invertimos en evitarla no son nada comparados con los 20 puntos que puede llegar a costar una crisis, tal como lo demuestra la experiencia de países como México o España.

Nuestros esfuerzos para sanear y fortalecer las condiciones del sector financiero también involucraron un trabajo conjunto con el Congreso para tramitar varias iniciativas legislativas de gran importancia. Los mayores logros de este trabajo fueron la aprobación de ley de reforma financiera, la ley marco de vivienda y la ley de reactivación económica, aprobadas en 1999.

El sistema financiero debe continuar fortaleciéndose, y la recuperación del sector real sin lugar a dudas será uno de los mayores impulsos para su recuperación definitiva. Además, estamos convencidos de que la aplicación de la reforma financiera producirá un sector financiero fuerte, capaz de responder a las coyunturas económicas, cualquiera que éstas sean, y con unas entidades de supervisión, control y apoyo que protejan los ahorros del público y que respondan adecuada y rápidamente a las posibles crisis.

Hay dos iniciativas de la política económica que creo que merecen ser destacadas ya que han sido el mejor complemento a las medidas de estabilización. La primera de ellas es la Ley de Vivienda. Acogiendo los postulados y parámetros establecidos por la Corte Constitucional, implementamos un sistema de financiación de vivienda transparente, seguro y estable, que consulta la verdadera capacidad de pago de los deudores de vivienda, sin que queden sujetos al comportamiento y fluctuaciones de las tasas de interés imperantes en el mercado. El desarrollo de esta ley permitirá que la construcción y las corporaciones de ahorro y vivienda vayan recuperándose de los duros golpes que han sufrido.

La segunda de ellas es la Ley de Intervención Económica. Bajo los esquemas definidos en la Ley, se están empezando a realizar acuerdos creativos que permitirán la supervivencia de muchas empresas y de muchos puestos de trabajo. El mejor juicio que puede hacérsele a este mecanismo es a través de las cifras. Ellas no mienten: 4 departamentos ya se han acogido y 111 empresas tienen acuerdos de reestructuración en trámite, cuyos activos superan 2.3 billones de pesos y dan empleo a más de 20 mil colombianos. Hoy precisamente me enteré de que en Bucaramanga se firmó el primer acuerdo con una PYME dedicada a las manufacturas. ¡Estamos ayudando a las empresas y a sus acreedores a salir adelante!

¿Qué nos muestran todas estas reflexiones? Que los esfuerzos por sanear las finanzas públicas, fortalecer el sistema financiero y ayudar a las empresas a reestructurar sus deudas sí paga. O, dicho de otra manera, que la política económica es efectiva cuando se concentra con tenacidad en lo fundamental.

La siguiente pregunta, la que debe estar en la mente de todos ustedes es: ¿podemos esperar que se fortalezca esta incipiente recuperación? Desde luego que sí. Por un lado la tasa de cambio va a mantenerse estable y a niveles competitivos y las tasas de interés van a mantenerse abajo, permitiendo que los hogares y las empresas recuperen su capacidad de gasto. Además, la economía de los Estados Unidos y de México seguirá andando bien y la de nuestros principales socios andinos seguramente mejorará.

Pero esto no es lo más importante. Lo más importante es que incertidumbre política se está despejando. La semana pasada se instalaron las Mesas de Trabajo en torno a las grandes reformas económicas que necesita el país. En ellas están todos los partidos y movimientos políticos incluido desde luego el parlamento, quienes han manifestado su intención de sacarlas adelante y de poner la economía por encima de cualquier otra consideración.

Sé que el Congreso no va a ser inferior a este reto y que estas reformas despejarán por completo el panorama económico. La agenda incluye el importante proyecto de racionalización de los gastos territoriales que está a punto de ser aprobado en el Congreso y que debe generar importantes ahorros fiscales a partir del año próximo. Otro proyecto que está muy cercano a ser aprobado es el de Juegos de Suerte y Azar, el cual va a darle nuevos y necesarios recursos al sector de la salud.

Estamos trabajando en conjunto con el Congreso para acelerar los debates del fundamental proyecto de Modernización Tributaria, que nos permitan continuar con su trámite expedito durante la segunda legislatura. Este proyecto busca, entre otras cosas, reducir la tarifa del impuesto de renta, incluso a niveles del 28% para las empresas que generen nuevos empleos. De esta manera lograremos no sólo disminuir el margen impositivo sino estimular la creación de nuevos puestos de trabajo. La iniciativa incluye, así mismo, importantes disposiciones para hacer más eficiente nuestro sistema tributario y proveer a la DIAN de más y mejores instrumentos para controlar la evasión.

Para el segundo semestre del año tendremos una agenda legislativa caracterizada por su intensidad y la definición de proyectos de vital importancia para los colombianos, y que estoy seguro avanzará en el marco de diálogo que hemos iniciado. El primer proyecto es la reforma al régimen de pensiones, el cual debe proponer fórmulas para salvar las finanzas del Seguro Social que, hoy por hoy, no puede garantizar el pago de las pensiones a su cargo por un lapso mayor de 5 años. El segundo es el Acto Legislativo que debe centrarse en garantizar tanto la estabilidad como la eficiencia de los recursos que son transferidos a las entidades territoriales. Esta reforma es fundamental para cumplir con el doble propósito de preservar el papel fundamental de las transferencias en el proceso de descentralización, al tiempo que se garantiza la estabilidad de las finanzas públicas de la Nación y de los municipios.

Finalmente, hemos considerado indispensable ser aún más estrictos con las finanzas territoriales. Por eso estamos diseñando actualmente un proyecto de Ley de Responsabilidad Fiscal, siguiendo los ejemplos recientes de Argentina y Brasil, orientado a establecer criterios de manejo sano de las finanzas públicas, con el cual podamos contribuir a la sostenibilidad de largo plazo de las cuentas fiscales.

¿Qué colombiano preocupado en realidad por el país y su gente puede oponerse a estas reformas?

No me cabe la menor duda de que dentro del ambiente de reconciliación y trabajo en equipo que he promovido, ni las instituciones ni los partidos van a ser inferiores a este reto. Por el contrario, tal y como lo han manifestado en diferentes ocasiones y como lo hicieran en la instalación de las mesas de trabajo por Colombia el pasado viernes, están listos para ponerse a trabajar de inmediato con nosotros para sacar adelante las reformas y contribuir, con sentido patriótico, a sentar las bases para un crecimiento económico sostenido que redunde en mayores oportunidades de trabajo y bienestar para todos los colombianos.

Amigos banqueros:

La semana pasada, en la instalación de las Mesas de Trabajo, dije que el futuro no esperaba. Nuestros hijos, nuestros trabajadores, nuestro pueblo no esperan. Por eso tenemos que tomar ya, entre todos, las riendas de ese futuro que se nos presenta como un desafío y un compromiso. De nosotros depende que la semilla de la reactivación que hoy está germinando fuerte y promisoria crezca y se consolide para el mayor bienestar de todos los colombianos. Con el trabajo y la contribución patriótica de todos los sectores de la economía, incluyendo por supuesto el sector financiero, como eje y combustible de un sano crecimiento, lograremos llegar al puerto anhelado.

No les quepa duda: El momento es ahora y el destino está en nuestras manos. ¡Unidos por Colombia, ningún obstáculo podrá detenernos!

Muchas gracias.


Lugar y fecha

Bogotá, Colombia

8 de junio del 2000

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