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  • TESTIMONIO DE AMISTAD QUE REPRESENTA EL EFECTO DE 40 MILLONES DE COLOMBIANOS

    Debe existir alguna explicación. Tal vez algo de carácter sociológico o cultural, o algún nexo histórico más allá de lo conocido. Pero lo cierto es que cuando un colombiano se encuentra en Chile, y más precisamente en Santiago, siente que un profundo vínculo de afecto lo une a este país y a esta ciudad tan hospitalarios y tan hermosos.

    Es un efecto inmediato, que incluso se siente en la distancia. Porque muchos colombianos que no tienen el privilegio de conocer la tierra austral, este “largo pétalo de mar y vino y nieve”, sienten desde siempre una gran simpatía hacia Chile, como si nos uniera un viejo recuerdo de infancia y de nostalgia.

    Lo cierto es que acá, entre los Andes imponentes que nos enlazan y la Cordillera de la Costa, a orillas del Mapocho y a los pies del cerro Santa Lucía, me siento –cómo no- un santiagueño más.

    Aquí, de pronto, se juntan los afectos con las predilecciones. Aquí pienso en Gabriela y en Pablo, los dos grandes estandartes de la poesía latinoamericana; en las novelas de José Donoso; en Eduardo Carranza, nuestro poeta enamorado de Chile; en la personalidad organizadora de Diego Portales; en O’Higgins y San Martín instalando el imperio de la libertad.

    Son imágenes cargadas de sentimiento que me unen al querido pueblo chileno y que me inflaman hoy de orgullo, porque tengo el honor de recibir de manos del señor Alcalde de Santiago, mi buen amigo, el Dr. Jaime Ravinet de la Fuente, las simbólicas llaves de esta ciudad hermana, que hoy me nombra su huésped ilustre.

    De mi parte, apreciados amigos, reciban mi testimonio de amistad hacia esta ciudad de profundo arraigo en mi corazón, que ya ha acogido como suyos a tantos otros compatriotas que comparten conmigo este sentimiento.

    Santiago, una capital llena de coraje, que ha resistido y sobrepasado terremotos de la naturaleza y de la historia, que crece y progresa en este valle, a medio camino entre la nieve y la playa, con sus anchas avenidas y sus inolvidables alamedas, es hoy un punto de referencia como desarrollo urbano e infraestructura social en América Latina.

    Por eso, y por esa intangible comunión que nos vincula, -así como lo hice hace unos minutos ante el monumento del General Bernardo O’Higgins-, quiero dejar hoy a Santiago de Chile y a sus habitantes una ofrenda simbólica, un saludo con aroma de café y viento de flores, que represente el afecto de 40 millones de colombianos, en cuyo nombre he venido a saludarlos.

    Desde mi Bogotá, que “tiene su cimiento en el alma, que ignora la medusa y la esponja, mas tiene ala de puerto”, -como le dijo nuestro poeta Jorge Rojas a Neruda-, desde el extremo norte de nuestros Andes, he venido a Santiago, ¡y me siento en casa!

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Santiago de Chile, Chile
    10 de octubre del 2000

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