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  • TESTIMONIO DEL ARTE COLOMBIANO QUE HABLA A LOS PERUANOS DE NUESTROS ORÍGENES COMUNES

    Exposición “Orden y Naturaleza” de la artista colombiana Teresa Sánchez en el Museo de la Nación en Perú.

    Lima, Perú, 7 de mayo de 2001.

    Cuando los indígenas del Perú y Colombia comenzaron a usar los metales, encontraron en la minería y en la búsqueda de rocas y pigmentos, la síntesis ritual entre la vida y la muerte, la simbología propia de los guerreros, la intención de los dioses de fecundar la tierra y el sonido escondido de la naturaleza que luego recreaban en la sugestión de las antaras, los tambores y las quenas.

    De la misma manera, en las representaciones escultóricas que hoy nos convocan encontramos un armonioso legado de imaginación histórica, la domesticación de la naturaleza y la certeza de saber que mientras haya latinoamericanos dedicados a procesos creativos, como Teresa Sánchez, tenemos la esperanza de construir y modelar con nuestras propias manos un futuro de paz y bienestar para los habi- tantes del Nuevo Mundo: un mundo que aún no hemos acabado de construir, conquistar y descifrar.

    Así lo vemos en estos ensambles y relieves que guardan la energía del nogal, los tonos rojos del guayacán y el color amarillo del granadillo; en las ondulaciones en cedro macho que describen el curso de nuestros ríos y las nervaduras perfectas de la geografía vegetal de la zona costera de Santa Marta. Son treinta espléndidas obras elaboradas por Teresa Sánchez en la última década bajo el orden impuesto por la naturaleza.

    Estas representaciones escultóricas de semillas, flores y fósiles constituyen un símbolo de nuestra hermandad histórica, un símbolo que viene en formas naturales como la de un “Óvalo” o de una “Gran Espina”. Aquí se recrea la imaginería primitiva de los objetos ritua- les de trabajo o de guerra, comunes a los paraísos perdidos del imperio inca y de nuestros indígenas Kogui, lejanos en la distancia pero cercanos en la sabiduría de sus tradiciones.

    Son obras mestizas, inspiradas en la materia origen del carbón, del grafito, del papel, que nos relatan la poderosa magia del bosque de donde han salido.

    Es casi imposible limitarse a observar estas superficies cuidadosamente lijadas, con empates perfectos y formas de increíble sensualidad. Ellas despiertan el impulso de consentirlas como a una mujer tierna y bonita; ellas nos cuentan sobre nuestras raíces, a la vez que dan fe de que estamos hechos de la misma tierra.

    Ha sido propósito de mi gobierno la promoción de artistas jóvenes quienes, como Teresa Sánchez, difunden nuestros valores culturales siempre cambiantes y dinámicos; desde Uruguay, pasando por Argentina y Chile, esta exposición ha descrito una interesante expedición arqueológica hacia la esencia de nuestra conciencia primitiva latinoamericana: una expedición que encuentra su alta cima en este Perú legendario, el Perú de los incas, de Cuzco y Machu Picchu, el Perú que hoy nos revela en Caral a la primera ciudad americana.

    A través de las creaciones de Teresa Sánchez, dejamos en el Museo de la Nación un testimonio del arte colombiano que habla a los peruanos de nuestros orígenes comunes y de la enorme naturaleza que nos vincula.

    Estas esculturas, gracias a sus gratas proporciones, a la concordancia de sus partes, a la cadencia de su distribución y a la exquisitez de sus acabados, reflejan el sosiego y la serenidad a la que aspira en su vida cotidiana el pueblo colombiano, y en este sentido la exposición que hoy inauguramos constituye un claro mensaje de paz y armonía de mis compatriotas al hermano pueblo del Perú. Mensaje que adquiere mayor dimensión gracias al artístico montaje realizado por el director del Museo, arquitecto Javier Luna. Para él y para Teresa nuestro testimonio de gratitud.


    Lugar y fecha

    Lima, Perú
    7 de mayo del 2001

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