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  • TRABAJAR EN ACCIONES COLECTIVAS EN PROCURA DE UN BENEFICIO COMÚN, PRINCIPAL RETO DE LOS COLOMBIANOS

    Colombia, en medio de las difíciles circunstancias, ha retornado al rumbo estable y creciente de su economía y ha mejorado su competitividad. ¡Cuánto más no podríamos hacer en un país en paz! Porque cada minuto que se le dedique a la construcción de la paz es un minuto también a favor de nuestro progreso, de nuestro desarrollo social y de la mayor productividad y competitividad de nuestras empresas.

    Hace exactamente una semana concluí, a la vista de todo el país, una reunión trascendental para destrabar un proceso que nos involucra e interesa a todos. Hoy, siete días después, cuando se han reanudado ya las negociaciones en San Vicente del Caguán, podemos seguir hablando y pensando en la competitividad, para que la paz tenga un soporte económico.

    Paz y economía van de la mano, apreciados amigos, y por eso hoy estoy con ustedes para continuar un diálogo que nos enriquece y nos invita a seguir trabajando por Colombia.

    Hoy, como cada seis meses desde julio de 1999, he venido en compañía de los Ministros del gabinete a encontrarme con ustedes, los empresarios y líderes del sector privado, y a honrar el compromiso del Gobierno de hacer un seguimiento semestral a la Política de Competitividad, seguimiento que da fe de la continuidad y consistencia de nuestro plan de convertir a nuestras exportaciones en el motor del desarrollo sostenible de largo plazo de Colombia.

    Si bien es temprano aún para cosechar los resultados de esta política de largo plazo, en el año inmediatamente anterior se vislumbraron signos alentadores que nos impulsan a continuar con mayor empeño todavía.

    En efecto, gracias a los progresos de nuestra política comercial, en el año 2000 el Foro Económico Mundial le otorgó a Colombia el tercer puesto en el mundo en políticas de promoción a las exportaciones, siendo superados únicamente por Irlanda y Singapur. Así, como resultado de la corrección del atraso cambiario y de la activa política comercial, en el año anterior nuestras exportaciones no tradicionales crecieron el 16.5% por ciento, una tasa sin precedentes en los últimos cinco años. Estos logros nos indican que vamos en la dirección correcta y nos motivan a continuar con empeño en la ejecución de nuestro Plan Estratégico Exportador, dentro del cual estos encuentros para seguimiento de la Política de Productividad y Competitividad constituyen un eslabón fundamental.

    En este IV Encuentro hemos querido llamar la atención de ustedes, señores empresarios, sobre un tema trascendental para consolidar esta política de productividad y competitividad en el largo plazo. Es el tema que los sociólogos y economistas han llamado el capital social.

    El capital social se diferencia de cualquier otro tipo de capital por su carácter relacional, lo cual significa que constituye el cimiento sobre el cual se edifican las diferentes estructuras que enmarcan las relaciones sociales.

    A pesar de las diversas formas en que se puede definir el capital social, y que han sido tratadas desde múltiples ángulos a lo largo de este Encuentro, no cabe duda de que el producto esencial de este concepto es la confianza. Ésta determina la factibilidad y facilidad con la que se pueden dar las transacciones dentro de la sociedad, y, por ende, las relaciones productivas. De esta confianza depende que los contratos que se desarrollan al interior de la sociedad puedan ser ejecutados sin la necesidad de especificar todas las contingencias del caso. Si las partes desconfían se vuelven necesarios complejos aparatos de supervisión y monitoreo, cuyos costos generalmente son tan elevados que los beneficios del intercambio no los justifican. En consecuencia las sociedades se paralizan, la información no fluye, desarrollar proyectos de inversión se hace terriblemente engorroso, y todos pierden.

    La confianza que necesitamos se desprende de la existencia de un conjunto de normas informales dentro de la sociedad que promueven la cooperación entre los individuos. Estas normas son el resultado de procesos culturales e históricos sobre los  cuales es difícil influir en el corto plazo. Por esto es importante que ustedes vean en este proyecto conjunto que hoy nos reúne un proceso que apenas comienza. El camino que nos queda por recorrer juntos es largo y los resultados no serán inmediatos.

    Estamos, con estas reuniones, generando espacios en los cuales nuestros actos e intercambios se vuelven la base sobre la que tenemos que reconstruir la confianza en lo público y la cooperación entre todos nosotros.

    Tenemos que sentar las bases para que a través de los años venideros acumulemos el capital social que necesitamos, pero que sea un capital social aglutinante, como un cemento que mantiene a los grupos y a las sociedades unidos, a través de vínculos fundamentados en valores compartidos, reglas e instituciones. El capital social que no queremos ni necesitamos es el que se centra en grupos cerrados, excluyentes, desconfiados, paranoicos, que sólo ven oportunidades de cooperación con los suyos y nunca con los demás actores de la vida social y económica.

    Resulta evidente la importancia de un capital social vinculante y basado en la confianza para el desarrollo tanto económico como político; además porque su acumulación promueve las asociaciones que garantizan el funcionamiento de la democracia.

    Obviamente construir dicho capital social no es tarea fácil. Como ustedes pueden haber visto, a pesar de su importancia, no existe consenso acerca de cómo se puede construir el capital social. No hay formula aún sobre la manera en que las autoridades tanto nacionales como internacionales pueden promover activamente la generación de confianza entre los individuos, posibilitando un mayor número de transacciones voluntarias y creando así vínculos de trabajo y producción.

    Sin embargo, aunque no hay formula cierta, un comienzo es el generar espacios de encuentro, diálogo, crítica, ya que esto genera las condiciones que posibilitan la creación de capital social. Por esto,  el desarrollo de un marco legal e institucional sólido que garantice el imperio de la ley, es una condición necesaria de estos esfuerzos. Yo estoy convencido de que la generación de credibilidad en la economía de un país depende también en buena parte de la capacidad del mismo de garantizar de manera eficiente los derechos de propiedad dentro de la sociedad, y es hacia allí donde dirigimos nuestros esfuerzos.

    Además, en la medida en que la generación de capital social implica la promoción de la capacidad de auto-ejecución por parte de los individuos, en reemplazo del castigo implícito en los mecanismos administrados por el gobierno para la  supervisión, este último debe dejar de tener como función principal la intervención.

    Un alto grado de intervención estatal se caracteriza por la concentración de la toma de decisiones a nivel central y el uso de la coerción para garantizar el cumplimiento de las normas sociales. Esto no deja espacio para el desarrollo empresarial ni para la participación y organización social, generando un continuo deterioro del capital social y de su potencial.

    Como gobierno, nos corresponde dar ejemplo, y eso es lo que intentamos, generando credibilidad a través de la efectiva implementación de las reformas económicas y políticas, un mayor crecimiento económico y menores niveles de incertidumbre. Asimismo, debemos crear las bases para facilitar el fortalecimiento de los vínculos entre los diversos grupos –económicos, políticos y sociales- que coexisten al interior de la sociedad.

    Hoy, cuando nos encontramos en esta bella y pujante ciudad de Pereira, que ha resurgido con ímpetu, junto con Armenia y otros municipios del área, de los estragos que produjo hace dos años el terremoto del Eje Cafetero, podemos proponer la gestión del Forec, que tanto se ha sentido en esta ciudad, como un ejemplo de la calidad de gente con la que cuenta nuestra clase empresarial, las organizaciones gremiales y el Estado. Ni siquiera la capacidad corrosiva de la desconfianza que nos envuelve podrá negar el éxito de este proyecto nacional de cooperación y buena fe. Así es como preparamos el terreno sobre el que nacerá la confianza que aún nos hace falta.

    La Red Colombia Compite es otro ejemplo del nuevo tipo de organización social con base en el cual estamos comenzando a construir espacios en los que las nuevas normas de interacción se traduzcan en la vocación cooperativa y la promoción de la confianza en Colombia, hacia Colombia y entre los colombianos.

    La existencia de grupos cohesionados constituye la base del capital social. Sin embargo, la confianza al interior de estos grupos no puede seguir centrándose en la desconfianza y exclusión hacia los demás. Es necesario promover, entonces, la creación de vínculos a todo nivel, para así evitar la exclusión social, y alcanzar los objetivos comunes de paz y prosperidad económica. Para esto es preciso crear oportunidades económicas y procurar la inclusión de grupos excluidos mediante el acceso a financiación y educación. Es indispensable convivir con reglas claras y coherentes que promuevan el mérito, sin permitir que prejuicios de clase, de raza o de género motiven nuestras decisiones.

    Un ejemplo en la generación de este tipo de vínculos nos lo ofrece una organización como la Federación Nacional de Cafeteros. Ésta permite la interacción y comunicación entre grupos muy consolidados, como lo son las familias o ciertas comunidades campesinas, la burocracia estatal y el sector empresarial. De esta manera se han construido relaciones basadas en un ambiente de confianza entre las partes. Agrupaciones como la Federación de Cafeteros se sobreponen sobre múltiples estructuras de la sociedad sin ser necesariamente parte de ninguna de ellas. Esto permite flujos de información entre grupos, generando confianza a través de vínculos, y haciendo de la red social un cuerpo bien armado.  Esta superposición de estructuras amplía el espacio de cooperación de la sociedad como un todo y, por ende, reduce los costos de transacción.

    El principal reto que tenemos los colombianos es trabajar en acciones colectivas en procura de un beneficio común. Para ello, nuestra política de productividad y competitividad está basada en el trabajo conjunto y articulado entre el sector público y privado. Esta política se materializa a través de programas como los convenios de competitividad exportadora, la construcción de la Red Colombia Compite y la creación de competencias y capacidades competitivas regionales. Gran parte de estos esfuerzos adelantados al interior de la política están dirigidos a la creación y fortalecimiento de aquellas formas asociativas para mejorar las condiciones de la producción nacional en el mercado interno e internacional.

    Si bien hemos conseguido importantes logros, como estimular una cultura de cooperación en medio de la competencia, propiciar un acercamiento de los miembros y eslabones de una misma cadena productiva, los avances serían mucho más profundos y de mayor impacto en el desarrollo competitivo de Colombia si contáramos con ese acervo de cualidades y valores necesarios para establecer alianzas que redunden en beneficios económicos y sociales. ¡Qué bueno sería que desde hoy pudiéramos comenzar a creer en el otro!.

    La debilidad de los vínculos y redes sociales, en particular, el que los intereses de grupos excluidos no puedan ser canalizados a través de instituciones formales del Estado, son causa fundamental del conflicto armado y la violencia. Debemos evitar que la sociedad civil cumpla una función de provisión de servicios públicos en los casos en que se da una ausencia del Estado, para promover la participación de movimientos sociales que, conjuntamente con el Estado, planteen los ajustes de la política pública a través de procesos democráticos.

    Es por esto que mi gobierno ha realizado importantes esfuerzos para la creación de cohesión social a través de la reconciliación dentro del contexto de un proceso de paz.

    En los últimos días los colombianos y la comunidad internacional han sido testigos de que los esfuerzos de paz sí tienen esperanza cuando los asumimos con decisión, coraje y convicción. Mis dos visitas la semana pasada a la Zona de Distensión, la reunión con Manuel Marulanda, el logro del Acuerdo de los Pozos para revivir un proceso de paz que estaba pasando por un momento crítico, son las mejores muestras de que, en nuestro país, podemos realizar aquello que nos proponemos cuando nuestro objetivo más que vencer, es convencer; cuando tenemos una meta clara y bien definida; cuando estamos dispuestos a escuchar al otro y a incrementar los lazos de confianza.

    La paz es el mayor proyecto de construcción de capital social en Colombia, y sólo será posible en la medida en que todos nos comprometamos a fondo con su consecución, a través de nuestras actitudes; fomentando la interacción entre las comunidades, los empresarios y los gremios; construyendo entre todos, ladrillo a ladrillo, el inmenso edificio de una nueva Colombia.

    Apreciados amigos:

    Hacia el futuro, la participación del Gobierno en el fomento del capital social se centrará en desarrollar la complementariedad entre las instituciones formales e informales a través de una actividad conjunta con el sector privado y la sociedad civil. El programa “Herramientas para la Paz” que hemos presentado al país es un modelo que quiero que todos comencemos a estudiar, para que lo apliquemos juntos.

    En síntesis, nuestro fin es promover la generación de vínculos al interior de la sociedad mediante el trabajo en seis frentes en particular, sobre los cuales los invito a pensar:

    En primer lugar, tenemos la información. Ésta es un bien público que debe ser promovido a través del acceso equitativo a canales de comunicación y protegido a través de mecanismos que garanticen la libertad de prensa. La promoción a los libres flujos de información es esencial para lograr una equitativa generación de oportunidades, la construcción de consensos y para garantizar la responsabilidad del gobierno en el cumplimiento de sus obligaciones ante una nación bien informada y, por consiguiente, con capacidad de exigir a sus gobernantes.

    La inversión del gobierno en infraestructura de comunicaciones, a través del desarrollo de la Agenda de Conectividad, ha sido fundamental en este sentido para la promoción de la cohesión social. Estamos desarrollando importantes programas para incrementar el acceso a la infraestructura de telecomunicaciones a nivel tanto de telefonía como de internet; se ha fomentado el desarrollo del comercio electrónico y se ha impulsado la capacitación en el manejo de tecnología de información. Asimismo, vale la pena destacar el desarrollo del portal de internet “Gobierno en Línea”, que inauguramos en nuestro último Encuentro en San Andrés, el cual contiene tanto información como servicios gubernamentales, generando una relación más fluida entre el ciudadano y el gobierno.

    Un segundo frente para incrementar el capital social lo constituye el incremento de la participación y representación de los diversos grupos sociales en la toma de decisiones y diseño de políticas. Esta participación es crucial en la generación de consensos, el fomento de aprendizaje social y, sobre todo, en la generación de confianza. Por esto es tan importante generar debates públicos sobre los mecanismos electorales con base en los cuales está funcionando el país. Es neurálgico que veamos en las corporaciones representativas del pueblo colombiano nuestra imagen, nuestras aspiraciones y un ejemplo de lo que es lo mejor de lo nuestro, y a ello hemos dirigido el debate sobre la reforma política que se está llevando a cabo en el Congreso de la República.

    Además, reconociendo la importancia de que los diversos grupos sociales y económicos tengan acceso a información sobre las acciones del gobierno y su desempeño hemos generado espacios tales como este foro. Estos Encuentros de Productividad y Competitividad son justamente una muestra del esfuerzo desarrollado por mi gobierno para generar un acercamiento entre el sector público y privado a la vez que desarrollar vínculos entre los diversos sectores de la economía.

    En tercer lugar, es fundamental promover mecanismos de resolución de conflictos, los cuales resultan fundamentales para la protección de los derechos humanos y de propiedad, elementos esenciales para la creación de sociedades cohesionadas en donde los individuos se sienten seguros y, por ende, dispuestos a invertir. En este sentido, un marco regulatorio y legal sólidos y un sistema jurídico eficiente son la esencia para garantizar el trato justo a los diversos grupos sociales y la efectiva resolución de conflicto por vías formales.

    Considerando que la familia es el grupo social sobre el que se cimienta la sociedad, hemos definido como prioritario el desarrollo de redes de apoyo económico y social para proteger a las familias en la actual situación de violencia, buscando preservar este núcleo como la base del desarrollo del capital social.

    En este sentido se destaca la Red de Apoyo Social del Plan Colombia, donde se busca brindar protección a las familias menos favorecidas a través del desarrollo de proyectos comunitarios mediante los cuales se construya infraestructura y se genere empleo, del mejoramiento de la infraestructura de transporte en las zonas de conflicto, de la entrega de subsidios familiares condicionados a las madres cabezas de hogar y de la capacitación a los jóvenes desempleados.

    Nuestro cuarto frente de trabajo es la educación, esa que Gabo definió como “el órgano maestro del cambio social”. La transmisión de las normas informales sobre las que se construye el capital social tiene como principal mecanismo al sistema educativo. Es por esto que a lo largo de mi gobierno se han realizado cuantiosas inversiones para promover una mayor cobertura de la educación primaria y secundaria, así como mejorar su calidad.

    Pero para construir capital social debemos generar, a la vez, un entorno económico armónico con este fin. En este sentido resulta crucial, como un quinto factor, el desarrollo de una política económica alineada con el desarrollo social, de manera que los beneficios del crecimiento económico se traduzcan en oportunidades para todos los miembros de la sociedad. Programas de generación de empleo e inversión social como los que ya mencioné del Plan Colombia, donde buscamos ofrecer alternativas productivas y dignas a las poblaciones más vulnerables, en las que, mediante su propio trabajo, las comunidades pasen de ser víctimas a ser generadoras de soluciones, participando en la construcción de las obras de infraestructura que más necesitan, son un ejemplo patente de la armonización de la política económica con los fines últimos de la justicia social.

    Por último, considero que un sexto frente para fortalecer el desarrollo del capital social es la profundización del proceso de descentralización en el país. El objeto de este proceso es generar un mayor acercamiento entre las políticas del gobierno, los recursos y la sociedad, de manera que se responda de manera más directa a las necesidades sociales. Es por esto que hemos creado canales de información entre el gobierno y los ciudadanos, a través de proyectos tales como la Empresa Colombia, para garantizar una eficiente y transparente asignación de recursos que se encuentre en línea con los requerimientos prioritarios de la sociedad, generando herramientas para el control social y verificación de la ejecución de la inversión pública, a la vez que se mantiene la independencia del gobierno

    En resumen, el potencial para generar condiciones que promuevan el desarrollo del capital social radica tanto en el gobierno, como en el sector privado y la sociedad civil, desplegándose en diversos ámbitos. Sin embargo, cualquier intervención debe dirigirse a la promoción de la complementariedad, teniendo en cuenta no sólo el impacto inmediato sobre un sector en particular, sino contribuyendo a la generación de unas redes entre los diversos sectores económicos y grupos sociales, y entre las instituciones formales e informales.

    La tarea es de todos: de ustedes y de nosotros, para fortalecer y fomentar entre los 40 millones de colombianos ese vínculo de patria, de nación, ese sentido de pertenencia, esa capacidad de construcción colectiva, que nos haga crecer armónicamente y con justicia. En medio del complejo y desafiante camino no podemos quedarnos sentados, ni criticar sin generar soluciones, ni complacernos en los logros hasta ahora alcanzados. Nuestra obligación es avanzar. Yo los invito a reflexionar sobre esto y a que continuemos trabajando juntos, sin dilaciones ni pretextos, para forjar el futuro que Colombia se merece.

    Muchas gracias.


    Lugar y fecha

    Pereira, Risaralda
    16 de febrero del 2001

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