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  • “TRILOGÍA VALLENATA” HOMENAJE A LA CACICA Y A TODO EL PUEBLO VALLENATO

    LANZAMIENTO DEL LIBRO TRILOGÍA VALLENATA Y EL SELLO POSTAL EN HOMENAJE A “LA CACICA” CONSUELO ARAÚJO NOGUERA

    “¿A quién se le canta aquí,
    a quién se le dan las gracias:
    a los que vienen de afuera
    o a los dueños de la casa?”

    La Cacica decía que no hay acto o evento de trascendencia en Valledupar que no inicie con las notas armoniosas del “Pilón”, y por eso hoy comienzo con unos versos de este canto popular, porque tampoco yo sé, en esta ocasión, a quién se le canta aquí, a quién se le dan las gracias, por tanta y tan calurosa acogida que recibo cada vez que tengo la alegría de pisar el suelo vallenato.

    Ustedes lo saben bien: ¡mi corazón es del Cesar y estoy seguro de que también, para mi suerte, yo estoy en el corazón vallenato de su pueblo!

    ¡He venido tantas veces durante mi mandato! Unas veces vine a traer obras de progreso y bienestar social; en otras ocasiones, para hacer anuncios trascendentales para el futuro y desarrollo de la zona, como lo fue la declaratoria de esta ciudad como Zona Económica Especial de Exportación; otras, para acompañar a mi buena amiga “la Cacica” a inaugurar el Festival Vallenato o a poner la primera piedra de su Parque de Leyenda. También vine, con el corazón adolorido, para orar en su sepelio, y luego regresé, hace apenas tres meses, para rendirle sobre la Tarima “Francisco el Hombre” el más emocionado homenaje en el marco de un nuevo Festival.

    Ese día les prometí volver. Ese día les dije a muchos de los que hoy me acompañan en este acto que iba a volver antes de terminar mi Gobierno, porque si un pueblo se ha ganado mi corazón y mi gratitud ¡ese es el pueblo del Cesar! ¡Ese es el pueblo de la Cacica Consuelo Araújonoguera!

    ¡Y aquí estoy, tal como les prometí! Estoy para compartir con ustedes estas últimas horas de mi mandato, porque sé que en el Cesar recordarán el compromiso de mi Gobierno con cariño y con justicia, con generosidad de amigos y nobleza de vallenatos.

    Estoy también para constatar -como acabo de tener la oportunidad de hacerlo- el notorio avance de ese gran legado de la Cacica que es el Parque de la Leyenda Vallenata; para ver cómo se está levantando, gracias a la inversión de los 7.500 millones de pesos que entregamos a través del Fondo Nacional de Regalías, el Coliseo Cacique Upar, que será la nueva y orgullosa sede del Festival Vallenato, con una capacidad para 40 mil espectadores y todas las comodidades propias de un gran escenario.

    ¡Qué alegría ver cómo se hace realidad este sueño visionario de Consuelo y de todo el pueblo vallenato! ¡Qué bueno saber que muy pronto sonarán las notas de acordeones, cajas y guacharacas y que miles de pasos cruzarán la Puerta de la Tradición y andarán sobre el Camino de los Cañaguates! Yo me imagino desde ahora cómo serán de hermosos los espectáculos en la Plaza de los Chimilas; cómo disfrutarán las familias en la Laguna Sicarare, visitando la Isla del Milagro y la Capilla de la Virgen, y con cuánto respeto, con cuánta devoción irán a decir sus oraciones junto al Mausoleo de la Cacica Consuelo Araújonoguera, que será por siempre el hada protectora de este parque de leyenda.

    Hoy he venido a conocer un sueño del que pusimos juntos, ella y yo, la primera piedra el 6 de enero del año 2000. Y me voy feliz porque el sueño va corriendo como las aguas del Guatapurí.

    Queridos amigos vallenatos:

    Consuelo Araújonoguera, esa “fuerza de la naturaleza”, esa mujer cuya risa “tenía el mismo sabor de una ensalada de frutas”, -para usar las bellas palabras de su compadre Juan Gossaín-, escribió estas sencillas frases en el prólogo de su primer libro, “Vallenatología”:

    “Uno defiende siempre lo que más ama. Y, sobre todas las cosas, yo amo mi música vallenata -con todo su acervo de leyendas, sentimientos y tradiciones que sintetizan mejor que nada nuestra idiosincrasia y razón de ser”.

    Nadie como ella amó el vallenato; nadie como ella lo estudió con tanta dedicación ni lo difundió con tanta pasión por el mundo entero. Por eso su legado es un legado histórico que estamos en la obligación de rescatar como la más bella herencia de una mujer para su pueblo.

    ¡Y qué bueno poder decir que lo hemos hecho! Con la publicación de su Trilogía Vallenata, compuesta por sus libros “Vallenatología”, “Escalona” y “Lexicón de Valle de Upar”, el Ministerio de Cultura y la Fundación de la Leyenda Vallenata están cumpliendo una tarea memorable no sólo en homenaje de la Cacica, sino en homenaje de todo el pueblo vallenato.

    Esta hermosísima edición, -que invita a leerla, a quererla, a cuidarla-, es, sin ninguna exageración, la verdadera Biblia del Vallenato. En sus páginas sentimos como si se escaparan las notas infinitas del acordeón, como si nos llegara el aroma de mango de Valledupar, como si nos envolvieran el calor de la Sabana o los sonidos ocultos de la Sierra.

    Aquí está la historia, aquí están los orígenes, aquí están la leyenda y la realidad del vallenato. También podremos recrearnos con esa biografía casi mitológica de Rafa Escalona, de sus amores y pesares, de sus amigos y sus cantos, que ya hemos oído tanto que a veces creemos que son historias nuestras. Y, por supuesto, podremos deleitarnos con ese maravilloso lexicón vallenato que nos enseñará el rico significado de palabras tan sonoras como “carrumba”, “fajonera”, “juruminga”, “jerre-jerre” o “tiraitape”.

    ¡Qué hermosa trilogía la que nos dejó la Cacica! ¡Y qué hermosa ocasión la que tenemos hoy al rendirle homenaje con su publicación y su lectura!

    Y no paran aquí -como no pararán en mucho tiempo- los tributos a la Cacica. Por eso hoy también celebramos que, -tal como lo determinó la misma ley que sancioné aquí el pasado 26 de abril, declarando al Festival Vallenato como patrimonio cultural de la nación-, el Ministerio de Comunicaciones y Adpostal están lanzando una emisión postal en su honor.

    Allí está ella, en ese artístico sello postal, como si le hubieran dibujado el alma: con su traje de pilonera mayor, con su trinitaria enredada en el pelo, con la tarima Francisco el Hombre y la Iglesia del Rosario detrás de su figura, sonriendo con su risa abierta, como diciéndonos que todavía está con nosotros, que se siente orgullosa de sus logros y que se siente feliz de saber que su legado ha quedado en buenas manos.

    Para conservarlo está el pueblo vallenato, con todo el corazón en sus canciones. Para conservarlo queda la Fundación de la Leyenda Vallenata, dirigida por su gran amiga, por esa digna heredera de su dinamismo y su coraje que es Cecilia Monsalvo, nuestra querida “Polla”. Para conservarlo estamos todos los colombianos que hemos hecho del vallenato un motivo de orgullo patrio y un producto de exportación.

    ¡Que lo diga si no Leandro Díaz, que hace un mes deleitó en el Castillo de San Felipe de Cartagena al ex-Presidente norteamericano Bill Clinton y a los más importantes empresarios de Latinoamérica y Colombia con esos cantos inmortales que son “La Diosa Coronada” y “Matilde Lina”!

    ¡Que lo digan los niños vallenatos que ya son una institución en las altas esferas de la Casa Blanca! ¡Que lo digan las academias de música que ya entregaron un Grammy a Carlos Vives y que ahora lo tienen nominado a muchos más Grammys latinos, por ese ritmo vibrante de su música, que nació del vallenato!

    Querida Consuelo: Hoy deberíamos estar acá celebrando tu cumpleaños y cantando sones y merengues en tu honor, pero tu ausencia nos pesa en el alma y nos ahoga el sentimiento. Te seguimos extrañando y te extrañaremos siempre para celebrar tantas cosas buenas que pasan a tu música y al folclor de tu gente. Por eso, así como lo cantó Gustavo Gutiérrez ante la tumba de Pedro Castro, lo hacemos hoy nosotros con los mismos versos:

    “Te quiso y te lloró tu pueblo,
    ¡qué gran falta le vas a hacer!”

    Apreciados amigos:

    El 26 de abril, con el alma en la voz, dije -citando un canto de Escalona- que yo tenía una pena muy honda, que yo tenía una pena muy grande… Hoy, con la nostalgia de despedirme del querido pueblo vallenato, de mis queridos amigos del Cesar, vuelvo a decirle a Consuelo otros versos del corazón de su tierra, otra vez con las sentidas frases de nuestro querido maestro:

    “Después de la muerte renacen las glorias,
    después de la muerte se olvida el rencor.
    En honor a su memoria
    recémosle una oración”.

    ¡Hasta siempre Cacica! ¡Hasta siempre queridos amigos de Valledupar y del Cesar!

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Valledupar, Colombia
    1 de agosto del 2002

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