• Banner textos

  • XIV FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO Y CELEBRACIÓN DEL QUINCUAGÉSIMO ANIVERSARIO DE LA CÁMARA COLOMBIANA DEL LIBRO

    Mucho se habla de la muerte del libro. Se dice que la televisión lo venía reemplazando y que la Internet, con su infinita disponibilidad de información, le había dado el golpe de gracia. Incluso, hace un par de años, el mayor magnate de la informática en el mundo, Bill Gates, predijo que los libros y revistas pronto desaparecerían. Algunos escritores, ante tales perspectivas, ya han dado el salto a los medios electrónicos y ahora publican en ellos sus escritos. La era de Gutemberg amenazaba con llegar a su fin.

    Esa ha sido una profecía con viejos profetas. Thomas Alba Edison, ante la aparición del cine, ya lo había pronosticado, y sociólogos como McLuhan lo reafirmaron ante el auge de las tecnologías de la comunicación. Sin embargo, el libro sigue ahí. Así como la pintura no desapareció con la fotografía, así como el teatro no desapareció con la cinematografía, el libro sobrevive a quienes auguran su extinción. Vigoroso y en constante evolución, sigue siendo un medio irremplazable de entretención y conocimiento.

    Nada mejor para atestiguarlo que esta décimo cuarta edición de la Feria Internacional del Libro. Con la participación de unos 100 escritores nacionales y extranjeros; con unas 450 conferencias; con El Salvador, Costa Rica, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá como invitados de honor; con la presencia estimada de 300.000 visitantes, la Feria promete ser este año, tanto como lo ha sido en los anteriores, una prueba irrefutable de la vigencia y el poder del libro.

    Esto no se hubiera logrado sin el trabajo arduo de la Cámara Colombiana del Libro, una institución que cumple orgullosamente 50 años de labores en pro de la cultura en Colombia. Aglutinando las ideas de los editores, los libreros, los distribuidores y los escritores, la Cámara nos está dando en su medio siglo de existencia una prueba más de su indeclinable vocación por impulsar la industria bibliográfica, democratizar el acceso a los libros y propagar los hábitos de lectura.

    Desde la Ley Esmeralda de 1958, con la cual comenzó la moderna legislación sobre el tema, hasta la Ley del Libro de 1993, pasando por la Ley 32 de 1973, sancionada durante la administración de mi padre, la Cámara Colombiana del libro ha cooperado en el diseño de las políticas tendientes a alcanzar los objetivos antes mencionados. En estrecha colaboración con las rama legislativa y ejecutiva del poder público, ella ha sido un actor fundamental en el progreso del sector editorial colombiano.

    Y lo ha logrado. Hoy por hoy son editados en el país cerca de 9.000 títulos anuales. Además, su aporte a la economía no es en absoluto despreciable: Desde 1986 hasta la fecha el sector ha aportado más de 500 millones de dólares a nuestra balanza comercial, convirtiéndose no sólo en un dinámico agente empresarial sino en un embajador del pensamiento y las letras colombianas en los países de habla hispana.

    También, con la pretensión de realizar un estricto control de calidad y un minucioso registro estadístico, la Cámara ha abanderado en Colombia la adopción del sistema de ISBN e, incluso, desde 1990,  tiene autorización para otorgar las  codificaciones, prestando el servicio de elaboración de códigos de barras

    Asimismo, a través de Fundalectura, ha estimulado, más allá de cualquier interés comercial, el gusto por los libros en el público infantil y juvenil. Una labor encomiable que demuestra cómo, en la consecución del bienestar público, no sólo el Estado tiene acciones que aportar.

    La Cámara Colombiana del Libro ha sido, mediante sus propios proyectos y mediante aquellos realizados en asociación con entidades estatales, una institución comprometida con el desarrollo del país. Así ha convocado -en estrecha colaboración con el Ministerio de Comercio Exterior y Proexport- unos 120 editores internacionales a la feria que hoy se inaugura. De aquí, muy seguramente, saldrán contactos, alianzas y planes de negocios que enriquecerán las perspectivas y los alcances de nuestro sector editorial.

    También en conjunto con varias entidades gubernamentales, ha adelantado los imprescindibles programas de lucha contra la piratería y de defensa de la propiedad intelectual. Del mismo modo, en coordinación con el DANE, ha realizado la primera encuesta de hábitos de lectura, la cual, entre otras cosas, nos reportará información muy útil para la adopción de mejores políticas educativas.

    En sus 50 años la Cámara puede satisfacer la exigencia que Camus le imponía a los exitosos cuando, con ironía, afirmaba: “El éxito es fácil de obtener, lo difícil es merecerlo”.

    A todos quienes desde 1951 han contribuido como quijotes culturales a su buen funcionamiento; a sus actuales directivos, encabezados por el Dr. Gonzalo Arboleda Palacio, y a todos sus miembros, extiendo hoy mis más sinceras felicitaciones y el reconocimiento del pueblo colombiano, que ha recibido los beneficios de su labor.

    Estimados amigos:

    Lastimosamente, por estar atendiendo compromisos internacionales, me es imposible asistir a este evento. Sin embargo, estoy seguro de que quienes sí tienen la posibilidad de estar presentes podrán degustar desde hoy, y durante 9 días más, el nutritivo banquete de cultura  que ofrece la Feria.

    Aparte de poder conseguir una infinidad de libros, sobre todos los temas y en todos lo formatos, los afortunados visitantes podrán conocer mejor las culturas y sueños de los países centroamericanos que han venido como dignos invitados de honor, y podrán escuchar los poetas y narradores más importantes del país, junto a figuras internacionales tan populares como Alberto Manguel, Rosa Montero o Paulo Coehlo, entre otros igualmente apasionantes. Allí estarán las palabras, como silvestres mariposas al vuelo, esperando a aquel que quiera atrapar su belleza.

    Bien decía al respecto Jorge Luis Borges: “Un libro es una cosa entre las cosas, un volumen perdido entre los volúmenes que pueblan el indiferente universo; hasta que da con su lector, con el hombre destinado a sus símbolos”.

    Quizás muchos escuchen aquí la voz que los estaba aguardando.

    Muchas gracias


    Lugar y fecha

    Bogotá, Colombia
    26 de abril del 2001

    Destacados

    publicaciones recientes

    Relacionados

    Deja un comentario

    Copyright2021 Biblioteca Presidencial Andrés Pastrana | All Rights Reserved