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  • XVI JUEGOS DEPORTIVOS NACIONALES

    No me cabe duda de que el deporte es un maravilloso invento de la humanidad para hacer fraternas las riñas y para que, luego de los combates, sólo queden los gritos de alegría de los vencedores.

    A través de él, como sucede cuando ejercemos correctamente nuestros derechos políticos, sabemos que no toda competencia termina en la violencia y que de las diferencias no debe resultar el exterminio sino el aprendizaje recíproco. El deporte es una escuela de vida.

    Por eso los XVI Juegos Deportivos Nacionales, que se celebrarán en los departamentos de Nariño y Boyacá, nos proporcionarán, ante todo, una lección de ética. Y digo ética no refiriéndome a un funerario conjunto de prohibiciones sino, más bien, aludiendo a un modo de lograr una positiva y creativa convivencia entre los individuos. Las justas de noviembre a diciembre, sean cuales fueren sus resultados, nos dejarán esa lección.

    Los casi 30.000 millones que cuesta esta empresa sirven para cultivar figuras pero, sobre todo, para recordarnos que los colombianos podemos vivir como hermanos. Quizás de los 5.600 atletas que participarán no saldrá sino una minoría que pueda  emular los éxitos de María Isabel Urrutia o Bernardo Caraballo, pero todos y cada uno de ellos le demostrarán a sus compatriotas que Colombia no es un país de ocasos sino de amaneceres.

    Juan Paz, el símbolo del evento, resume por eso la filosofía del certamen: el deporte es un lazo de paz. De este modo, cuando los ciclistas recorran los cerros de Chiquinquirá o cuando los practicantes de la vela dobleguen los vientos del mar de Tumaco, no estarán luchando por una medalla sino por una esperanza. La esperanza de un nuevo país.

    Suerte a todos los deportistas ¡y adelante con su ejemplo!


    Lugar y fecha

    Boyacá, Colombia
    1999

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